A sa major, has de dir
que carn no has de menjar;
sa segona, que has d’anar
seguint el mateix camí;
la tercera has d’acudir
a l’esglési’ a confessar;
la quarta has de procurar
un bon sistema seguir;
la quinta, no val es dir
“Jo som un bon cristià”:
consisteix en acudir
a sentir Déu predicar.
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
Dejuni i mortificació
Inca
163
III
Silvana se paseaba con la ramera florida
y su padre se la miraba desde el mirador que había.
-Silvana, si quieres ser hika del alma querida,
te vestiría de oro y de plata te calzaría,
y las camisas de seda y el collar de perlas finas.
-¿Y las penas del infierno, padre, ¿quién las pagaría?
-Un Padre Santo hay en Roma que a los dos perdonaría.
-También hay un Dios al cielo que a los dos castigaría.-
Al bajar la escalera, se encontró madre y la hija.
-¿Qué tienes, hija Silvana? ¿qué tienes, hija querida?
-Es verdad que sois mi madre; con razón es que os lo idga.
Este traidor de mi padre, días hay que me persigue.
-Si tu padre te persigue, muy pronto se va a enmendar.-
A la mañana siguiente, día de Pascua Florida,
se cambiaron el vestido entre la madre y la hija.
Cuando una se lo quitaba, la otra se lo ponía.
Se fue al cuarto del Rey, allí donde el Rey dormía:
-Buenos días, padre Rey. –Buenos días, hija mía.
Sube a la cama, Silvana, sube a la cama, querida.
-Silvana, no soy Silvana; yo soy tres veces querida.
Primero nació don Carlos, segundo doña María,
tercero nació Silvana, la que tienes por querida.-
Al decir estas palabras, cayó al suelo desmayado;
le echaron agua a la cara por ver si revolvería.
Cuando el Rey revolvió, estas palabras decía:
-Tu serás mi protectora, mi dulce esposa querida,
porque has sabido guardar la honra de tu hija y mía.
L’amo em diu: -Sega, seguè.-
I no en tenc gens, de seguera.
A s’ombra d’una figuera,
m’hauria de dir: -Asseu-tè.
En anar a Santa Llucia
han de passar per Mancor.
Pagaria una unça d’or
esclatàs i fes es tro
o fes lo que jo voldria.