Silvana se paseaba con la ramera florida
y su padre se la miraba desde el mirador que había.
-Silvana, si quieres ser hika del alma querida,
te vestiría de oro y de plata te calzaría,
y las camisas de seda y el collar de perlas finas.
-¿Y las penas del infierno, padre, ¿quién las pagaría?
-Un Padre Santo hay en Roma que a los dos perdonaría.
-También hay un Dios al cielo que a los dos castigaría.-
Al bajar la escalera, se encontró madre y la hija.
-¿Qué tienes, hija Silvana? ¿qué tienes, hija querida?
-Es verdad que sois mi madre; con razón es que os lo idga.
Este traidor de mi padre, días hay que me persigue.
-Si tu padre te persigue, muy pronto se va a enmendar.-
A la mañana siguiente, día de Pascua Florida,
se cambiaron el vestido entre la madre y la hija.
Cuando una se lo quitaba, la otra se lo ponía.
Se fue al cuarto del Rey, allí donde el Rey dormía:
-Buenos días, padre Rey. –Buenos días, hija mía.
Sube a la cama, Silvana, sube a la cama, querida.
-Silvana, no soy Silvana; yo soy tres veces querida.
Primero nació don Carlos, segundo doña María,
tercero nació Silvana, la que tienes por querida.-
Al decir estas palabras, cayó al suelo desmayado;
le echaron agua a la cara por ver si revolvería.
Cuando el Rey revolvió, estas palabras decía:
-Tu serás mi protectora, mi dulce esposa querida,
porque has sabido guardar la honra de tu hija y mía.
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
De raptes i forçadors
Inca
Assonant
237
IV
Aquí enfrente hay un jardín, detrás de una liornera;
se pasean dos hermanas, Blancaflor y Filomena.
El Rey turco se pasea: se enamoró de una de ellas.
Se casó con Blancaflor, que Filomena es pequeña.
Al cabo de siete meses, el Rey turco fue a la guerra.
No se fue a la guerra, no; se fue a casa de su suegra.
-Buenos días, buen cuñado. –Buenos días, buena suegra.
-De parte de Blancaflor, que me lleve Filomena.
-Eso sí que no lo haría, eso sí que no lo haré.
-Yo tan bien la trataré como hija mía y vuestra.-
A las cuatro de la tarde, se presentó Filomena,
con un vestido blanco y zapatitos de seda.
Ya la sube en el caballo y se la llevó a su tierra.
A la mitad del camino, el demonio ya lo tenta.
-Si me tenta o no me tenta, no me deja de tentar.
Ahora que tengo ocasión, no la dejaré escapar.-
Ya la baja del caballo, la puso de peña en peña:
-Aquí te saco los ojos, los ojitos y la lengua.-
Por allí pasó un pastor, San Juan Bautista lo era.
Con palabras muy comunas, le pidió papel y tinta.
-El papel sí que lo tengo, pero tinta no me queda.
-La tinta la sacaré de la sangre de mis venas.
Toma, pastor, esta carta, y llevátela a mi tierra,
entrégala a Blancaflor de parte de Filomena.-
Cuando llega a Palacio, a Blancaflor se la entrega.
Al ver lo que le decía, cayó desmayada en tierra.
Turco llegó a Palacio y enseguida pidió dena.
-Dime que habrá de cenar. –Hoy tengo una rica cena.
-¡Jesús, qué carne tan dulce! ¡Jesús, que carne tan buena!
-Más dulces son los suspiros de mi hermana Filomena,
que está solita en el bosque deshonrada, muda y ciega.
Las madres que tengáis hijas, casadlas a vuestra tierra.
Ya veis lo que está pasando a mi hermana Filomena:
la han dejado en el campo deshonrada, muda y ciega.
Tenc d’anar a matances
a ca sa tieta:
han mort sa muleta
i han fet camaiots.
Jesús i Maria,
que n’han fet de pocs!
De Moscari som vengut
per fer-te una enramada,
i aquell penyal de ta mare
m’ha privat, no ho ha volgut.