Es fusters fan ses arades
d’es llenyam de més endins.
Entre muntanyes i pins
jo tenc ses amors posades.
Una barca veig venir
per devers Cala Figuera.
No sé si deu esser En Pere
o En Juan, que deu venir.
En Pere durà torró
i En Juan durà castanyes.
Oh Juan de mes entranyes!
Oh Pere de ma tristor!
En el palacio del Rey se peinaba la Adriana.
Una mata de cabellos hasta sus plantas llegaba.
Si se peinaba de día, el sol se para a mirarla;
si se peinaba de noche, el sol y la luna clara.
La Reina, que estaba dentro, al verlo se rebentaba.
Y mandó hacer un convite que era un convite de sala.
Convida a todos los condes y al marido de Adriana.
Al acabar de comer, de las mujeres hablaban:
-Todos los condes de aquí tienen la mujer honrada
menos el Conde de Oremus que la tiene muy mundana.
-¿Qué es lo que habla, buena Reina? Buena Reina, ¿qué es lo que habla?
Adriana, mi mujer, con ella no hay cosa mala!
-Calla, calla, tú, buen Conde, que de eso no sabes nada.
Seis años, va para siete, que el Rey en tu casa entraba;
de día, para la mesa; de noche, para la cama.
-Si esto es verdad, buena Reina, mañana voy a matarla.
-Sí es verdad. Desde palacio yo misma lo presenciaba.-
Al subir las escaleras se encontró con Adriana.
-¿Cómo te ha ido el convite, ese convite de sala?
-Muy mal me ha ido, Condesa; la Reina muy mal te trata.
En la sala de palacio me ha hecho bajar la cara.
Seis años, va, para siete, que el Rey en mi casa entraba:
de día, para la mesa; de noche para l acama.
Si esto es verdad, Condesa, voy a matarte mañana.
Mañana vas a morir antes de salir el alba.
-¿Dónde estás, hija querida, nacida de mis entrañas?
Tu padre quiere matarme sin haber hecho la causa.
Cuando yo seré muerta, tú me limpiarás la cara
con agua de solimán, límpiala, muy bien limpiada.
Envuélvela en una toca la mejor que hay en el arca.
Y preséntala ante el Rey. Harás lo que madre manda.-
La hija, como es discreta, hace lo que madre manda:
-Buenos días, Señor Rey, -Buenos días, Adriana.
-Tome usted este presente que mi madre se lo manda.
-Dale gracias a tu madre que de mí se recordaba.
-¿Cómo se las voy a dar, si mi madre está enterrada?-
El Rey desplegó la toca y con estas palabras habla:
-¿Quién ha hecho esta muerte con esta cruel espada?
-Mi padre el Conde de Oremus por doña Juana malvada.
-Voy a matar a la Reina y al marido de Adriana!-
Si una Adriana murió, otra Adriana quedaba:
y el Rey después se casó con la pequeña Adriana.