Santa Elisabet,
mare de Juan,
si em colg i no em llev,
l’ànima us coman;
a Lluc i Juan,
a Marc i Mateu,
tots els sants i santes
que creien en Déu;
a Sant Dionís,
a Santa Coloma,
tots el ssants i santes
que duen corona.

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Inca

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El sen Pep serva es timó
de Son Riscla i Tènger Nou;
ell mos darà robiol,
també panada i flaó.

Un missatge petitó
que mai ha guanyat lloguer
de pressa replega es bous
com cap missatge sap fer.
Una mosca de bover.

Silvana se paseaba por la alameda florida.
Y su padre la miraba desde un balcón que había:
-Silvana, si quieres ser mi hija, esposa y querida,
te vestiría de oro, de plata te calzaría,
y la camisa de seda, los guantes de piel muy fina.
-Y las penas del infierno, padre, ¿quién las pasaría?
-Hay un Padre Santo en Roma, hija, y nos perdonaría.
-También un Dios en el cielo y un castigo mandaría.-
Silvana se fue llorando, por la escalera subía.
Y su madre la miraba desde un balcón que había:
-¿Qué tienes, hija Silvana? ¿qué tienes, hija querida?
Si es verdad que soy tu madre, es justo que me lo digas.
-¡Ay, madre, mi buena madre! ¡ay, madre del alma mía!
Aquel traidor de mi padre días ha que me persigue
y dice si quiero ser su hija, esposa y querida.
-Si esto es verdad, Silvana, yo pronto lo arreglaría:
tu te pondrías mi ropa, yo la tuya me pondría..-
Ellas cambiaron de ropa día de Pascua florida.
La que una se quitaba, la otra se la ponía.
Fueron al cuarto del Rey por ver si las conocía.
Y la madre entró en el cuarto triste y descolorida:
-Buenos días, señor Rey. –Buenos días, prenda mía.
Sube a la cama, Silvana, que voy tres veces florida:
el primero fue don Carlos, segunda, doña María,
y después nació Silvana que tú buscas por querida.
-Tú te quedas mi Señora mientras en el mundo viva ,
porque has sabido guardar mi honra y la de mi hija.

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