-Cardinero, cardinero, mi camarero pulido,
si te podía tener tres horas a mi retiro!
-Porque soy vuestro criado, vos en broma lo habréis dicho.
-No, por cierto, jardinero; ¡cuántas veces te lo he dicho!
-¿A qué hora he de venir a rondar vuestro castillo?
-Entre la una y la sods, mio padre estará dormido.
Ponte alpargatas de seda, no serás tan conocido.
Cerca de las once y media, Jardinero va al castillo.
-Yo soy vuestro Jardinero que busca lo prometido.
-Venga, venga, Jardinero; vamos, vamos, amor mío.-
Y se cogen de las manos, y en el cuarto se han metido,
y comienzan a jugar cual si fuesen casaditos.
Y después de haber jugado los dos quedan adormidos.
Cuando el Rey se despertó, dos horas el sol salido,
preguntó por Jardinero; le dicen que no lo han visto.
-¿Dónde estará Jardinero? ¿dónde andará escondido?-
Y buscando a Jardinero, los ve a los dos dormidos.
Se destira de la espalda: -¿Le tiro o no le tiro?
Que, si mato a Jardinero, mi hija se habrá perdido.
Que les tire, que les mate, la espada será el testigo.
-Despiértate, Jardinero, despiértate, ángel mío.
-¿Dónde voy, Princesa mía, tres horas el sol nacido?
-Con zapatitos de seda, y así no harás ruido.
Bájate hasta el jardín a regar flores y lirios.-
Se encontró con el Rey regando flores y lirios.
El Conde, cuando lo vió, se agachó el sombrerito.
-¿Qué haces aquí, Jardinero, que estás tan descolorido?
-La fragancia de la rosa mis colors me ha corrompido.
-Tu no vienes del jardín de regar flores de lirio.
No lo niegues, Jardinero, que con mi hija has dormido.
Y por esto yo te mando, si no quieres un castigo,
que hoy mismo habrás de ser de mi hija su marido.
-Mujer que ha sido mi dama, no quiero vivir con ella.
-Que se bajen los criados, le cortarán la cabeza.
Esto es una deshonra lo que ha hecho a mi princesa.
-Licencia te pido, padre, para irlo a buscar.
-¿Qué licencia quieres tu? La tienes tomada ya!-
Se fue por los siete reinos sin poderlo encontrar.
Y pregunta de quién es el ganado de allá.
-Es del Conde Jardinero que pronto se ha de casar.
-Ella entró en la casa y una limosna pidió.
Cogió el Conde de la mano y lejos se lo llevó.
Ellos se comen los dulces; nosotros, por acá, no.
Un sol pic per advertència,
però no m’hi tornis dur;
podràs dir que has coït tu
de mi sa primera hortènsia.
Maria Santissimeta,
que tenc es cor de catiu!
De mort tornaria viu
per rallar amb tu, Marieta.