’Vui per mi, demà per tu,
la mort no serva respecte.
A tothom trobes defecte
i tu en tens més que ningú.
A Sant Antoni hem d’anar
es dissabte, si ve bé;
i jo una jove sé,
Na Recuita d’es corter,
que li mostraren de fer
bunyols sense foradar.
Yo tenía siete perros. Uno me lo pilló el tren.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que seis.
De los seis que me quedaban uno se fue de un brinco.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que cinco.
De los cinco que quedaban, uno se fue de un salto.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que cuatro.
De los cuatro que quedaban, uno se murió de sed.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que tres.
De los tres que me quedaban, uno se murió de tos.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que dos.
De los dos que me quedaban, se llevó uno el tío Bruno.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que uno.
El uno que me quedaba, se le salió a la portera,
y le dio un palo mortal por cagarle en la escalera.
Aquí acaba el cantar.