Yo tenía siete perros. Uno me lo pilló el tren.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que seis.
De los seis que me quedaban uno se fue de un brinco.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que cinco.
De los cinco que quedaban, uno se fue de un salto.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que cuatro.
De los cuatro que quedaban, uno se murió de sed.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que tres.
De los tres que me quedaban, uno se murió de tos.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que dos.
De los dos que me quedaban, se llevó uno el tío Bruno.
No me quedan, no me quedan, no me quedan más que uno.
El uno que me quedaba, se le salió a la portera,
y le dio un palo mortal por cagarle en la escalera.
Aquí acaba el cantar.
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
Enumeratius
Artà
Assonant
259
IV
-Vos duc el Bón Jesús petit
enmmig de son pare i sa mare,
si li voleu dar posada
per aquesta santa nit.
-Bon Jesús, entrau, entrau;
entra, que sou a ca vostra;
no vos tenim per cap hoste,
que de tot Vós comandau.
Com sa veinada em dirà:
-Dona’m un poc d’oliet-,
jo li respondré tot dret:
-Saps que en tenia, de fred,
per dins aquell olivar!
Ses ungles hi vaig deixar:
si les vols anar a cercar,
ja te’n donaré un poquet.
Jo estaria una setmana
sense beure ni menjar
només per veure jugar
un germà amb una germana.