Juan, no tengues temor
si volen que et don guerrer,
perque per tu guardaré
sa clau d’es castell major.
Por la Calle de Amargura, se fue la Virgen llorando,
buscando a su Hijo hermoso, buscando a su Hijo amado.
En el revolver una esquina, una señora ha encontrado
y le pregunta si ha visto su Hijo hermoso y amado.
-Si que lo he visto, Señora, en este rato ha pasado.
Una cruz lleva en sus hombos y una cadena arrastrando.
Y yo me he quitado un velo, un velo de mi tocado,
para limpiar su rostro que de sangre va manchado.
Si lo quiere ver, Señora, aquí lo tengo guardado.
El paño tenía tres dobles, tres figuras han quedado.
San Juan y la Magdalena la cogieron de la mano:
-Caminemos, caminemos, caminemos al Calvario,
que por pronto que lleguemos, ya lo habrán crucificado.-
Ya le han puesto la corona, ya le afiquen los tres clavos,
ya le dan la cruel lanzada a su divino costado.
Quien dirá esta oración todos los viernes del año,
sacará un alma de pena, y la suya si está en pecado.
Si la sé y no la digo, si la oigo y no la aprendo,
en el día del juicio ya sabré lo que me pierdo.
Ja vendrà temps, vida mia,
que de mi et recordaràs
quan pensaràs i diràs:
-Més valdria hagués fet cas
del qui lleial me servia!