Por el rastro de la sangre que Jesús ha derramado,
iba la Virgen María en busca de su Hijo amado.
De allí se fue a Belén, tres horas lluny del Calvario.
En la calle de la Amargura, una mujer ha encontrado:
-¿Qué haces aquí, mujer? ¿qué haces aquí llorando?
-Busco a mi Hijo querido que por aquí ha pasado
con una cruz en los hombros y un cadena arrastrando.
¿Acaso vos habéis visto pasar a mi Hijo amado?
-Dadme las señas, Señora, de vuestro Hijo adorado.
-Es más blanco que la nieve, más brillante que oro y plata,
en su frente lleva el sol y tiene cara de ángel.
-Por aquí pasó, Señora, por aquí Cristo ha pasado,
con una cruz en los hombros y su cuerpo maltratado.
Me ha pedido que le diera un paño de mi tocado
para quitarse el sudor del rostro desfigurado.
Tres dobles tenía el paño, tres figuras me han quedado.
Si lo quereis ver, Señora, aquí lo tengo estampado.-
La Virgen, del sentimiento, allí cayó desmayada.
San Juan y la Magdalena fueron pronto a levantarla:
-Vamos, vamos, mi Señora, vamos al monte Calvario,
que, por pronto que lleguemos, ya le habrán crucificado.-
Ya le ponen la corona, ya le rebaten los clavos.
Ya le han dado la bebida de hiel amarga y vinagre.
Ya le pegan la lanzada en el divino costado.
Esta oración diré todos los viernes del año;
sacaré un alma de pena, la mía, si está pasando.
Quien la sabe y no la dice, quien la oye y no la aprende,
hasta el día del juicio no sabrá lo que se pierde.
Fadrina hi ha qui fa oi
de poca manya que té!
N’hi ha una a Son Vaquer
qui sols no va sebre fer
pessics a un cocarroi.
Bon dia, rosa encarnada!
Un criat teu és aquí.
Jo som vengut per complir
sa paraula que t’he dada.