Estaba la Coronela sentadita en el balcón.
Sale el Teniente y le dice: -Señora, ¿qué hace aquí?
-Yo espero a mi marido; de la guerra ha de venir.
Di, ¿de dónde viene usted?
-He venido de la guerra por casarme con usted.
-¿No habrá visto a mi marido por la guerra, alguna vez?
-No conozco a su marido ni tampoco sé quien es.
Déme las señas, señora, que lo debo conocer.
-Es un hombre guapo y rubio, gentil hombre y cortés;
lleva las medias de seda, zapatillas a lo inglés;
en la punta de la espada, lleva señas de marqués,
y pendiente de su cuello, lleva un pañuelo francés
que le bordé de pequeña, siendo niña lo bordé,
y en la cofa de la gorra el retrato de Isabel.
-Con las señas que me ha dado, su marido muerto es;
en Valencia lo mataron en casa de Canadés;
y dejó en el testamento que me case con usted.
-Esto yo no lo haría, esto yo no lo haré.
Siete años hay que espero; otros siete esperaré.
Si a los catorce no viene, monjita me serraré.
Todos los muebles y alhajas por monedas los vendré,
y el dinero que me sobre a los pobres lo daré;
y una hija que yo tengo conmigo la pasaré,
y mi hijo Francisquito irá a servir al Rey;
ha muerto el padre en la guerra, que muiri el hijo también.
-Desgraciadita María, desgraciada mujer,
tú hablas con tu marido y no lo puedes conocer.
Dame un abrazo, Maria, que yo soy tu amante esposo.
He venido de la guerar para estar con ti dichoso.
En Bàlix tota la vida,
en Bàlitx jo pensaré;
allà on Déu vertader
judicà Na Margalida.
Encara la snet qui crida:
-Treis-me d’aquí, no estic bé.-
Noltros, ¿què havíem de fer
si la mort la perseguia?
Dia devuit de gener,
dins can Tromper m’encontrava,
i En Juan Blanc me dugué
noves qu ejo no esperava.
Va dir si enterat n’estava.
I jo li vaig dir:- Res sé.
De s’al•lota me digué
que ben morta s’encontrava.
Quan dins Sóller vaig entrar,
em varen dir de seguida:
-Per veure Na Margalida,
an es fossar hauràs d’anar.-
Com es meus uis descobriren
ses parets d’aquell casal:
-Oh, cementeri real!-
amb veu baixa li vaig dir-
aquí has de consumir
sa meva amor principal.
Sense ella de res me val!,
en aquest món, estra-hí!-
I com va venir en el cas,
que l’haguessen d’enterrar,
dins sa fossa vaig entrar
i el baül vaig ben tapar
que sa terra no hi entràs.
Se fé hora de dar-mós
sa darrera despedida:
-Adiós, adiós, Margalida,
per a sempre, adiós!
Déu del Ceu, qui és poderós,
allà te té reunida.
I jo, encara la vida,
mos reuniguem los dos!-
Com de Sóller me n’anava,
plorant i vestit de dol,
vegent que jo allà deixava
sa prenda d’es meu consol!
L’amo debades m’envia,
sa madona i los demés,
missatges i jornalers,
tota sa gent que hi havia
perquè jo la vos digués,
sa mort de sa vostra fia.
En Juan de bona fe
ses dones ha malfamades
tant fadrines com casades,
ses joves i ses ruades,
i ara se són rebel•lades
i desitgen venjar-sè.
Si no fa via a amagar-sè,
el menjaran a picades.