El Rey tenía un hijo que Tarquino se llamaba,
y una tarde de verano se enamoró de su hermana.
Al ver que no podía ser, se puso enfermo en la cama.
Su padre subía a verlo tres veces a la semana:
-¿Quieres que te mate un ave de esas que corren por casa?
-Quiero una taza de caldo y que lo suba mi hermana.-
Y subió ella solita a servir a su hermano.
Y subió las escaleras con el traje de verano
y la tacita de té que llevaba por su hermano.
Al ver la taza de té, el muerto resucitaba.
-Buenos días, hermanito; buenos días en la cama.
-Los dolores que yo paso para ti los estoy pasando.-
Ya la coge de la mano, la tira sobre su cama.
Ella, que se ve cogida, de esa manera se exclama:
-Hermano, como buen hermano, no me quieras deshonrada.
-No te muevas, no te muevas, no te muevas de la cama.
-No me mires, hermanito, no me mires deshonrada,
y Dios guardará un castigo para papá y mi hermano.-
Sacó un pañuelito blanco y los ojos le nejugaba.
Al bajar por la escalera, su padre se la miraba.
La miró por la cintura: -Parece que estás casada.
-Papá mío, papá mío, no me mires deshonrada..-
Un día del mes de abril, nació una flor encarnada
que por nombre le pusieron “el Rey de toda España”.
No llores, niño, no llores, que tu llanto me da pena.
¿Qué diran si un niño llora en casa de una soltera?
De raptes i forçadors
Banyalbufar
Assonant
Venia de cercar llenya
d’es pinar de Son Puput
i de tant que he corregut
som perduda una espardenya.
Cuando empezaron la guerra, la de Francia y Portugal,
Llamaron al Conde Flor por capitán general.
-¿Para cuántos años, Conde, para cuántos años va?
-Para siete voy, Condesa, para siete y nada más.
Si a los siete no he venido, ya te puedes casar ya.-
Pasan siete, pasan ocho, y en busca, los nueve, va.
Un día, estando a la mesa, su padre la quiso hablar:
-¿Cómo no te casas, hija? ¿cómo no te casas ya?
-¿Con quién me he de casar, padre, y el Conde en el mundo está?
Si el Conde en el mundo estaba y lo pudiese encontrar!
Me dará la bendición y lo iré a buscar.
-Que la te dé Dios del cielo, que es más alto y puede más.-
Se vistió de pelegrina y pelegrinando va.
Y al salir de las Italias, se encuentra en Portugal.
Ella ve un caballo blanco que lo iban a ensellar.
-¿De quién es este caballo, que lo llevan a ensellar?
-Es del señor Conde Flores, que mañana va a casar.
-¿Quién es este señor Conde? ¿Me lo quiere usted enseñar?
-Se lo enseñaré, señora, que es poca la caridad.
-Oh, qué palacio tan grande, más grande que una ciudad!-
Y al decir estas palabras, se encontró con el Conde Flores.
-Buenos días, Señor Conde,
¿me quiere hacer una limosna? –Yo no traigo ni un real.
Yo vengo de las Italias y no traigo pa gastar.
-Si viene de las Italias, ¿qué hay de nuevo pos allá?
-Le diré que su condesa es un mártir de llorar.
-Oh, si la pudiera ver! Oh, si la pudiera hablar!
Que bien la comocería con su hermoso lunar.
El vestido que ella trae me costó una ciudad.
-El vestido bien lo guardo, dentro de una cajita está,
y el rostro ya se ha ido, Conde de tanto llorar.
-María, cérrate (sic) monja y aprenderás de rezar.
-María, cérrate monja de la religión cristiana;
si no me caso contigo es porque no me da la gana.
-Malhaya la italiana que te ha venido a buscar!
Es capons i ses gallines als pobres de l’hospital!-
Jo voldria que el qui és causa,
bona amor, que sou soldat,
estigués tants d’anys penjat
com a una porta una baula.