El día que yo nací nací muy desgraciada:
el primer hombre que vi ya quedé enamorada.
Tres años lo tuve muerto en una sala guardada.
Todos los viernes des año, la ropa le cambiaba,
le componía su sitio con flores y lirios blancos.
Un día, por mi desgracia, se descomponió un brazo.
-Si lo digo a mi padre, es padre para matarme;
si lo digo a mi madre no es mujer para guardarlo.
Mis hermanos son pequeños, de amores no entienden nada.-
Un día se paseaba del balcón a la ventana
y había un labrador en su campo, que labraba.
-Labrador, buen labrador, escuchadme una palabra.
-Ya la escucharé, señora, aunque sean tres y cuatro.
-¿Quieres enterrar un muerto y te será bien pagado?
-Ya lo enterraré, señora, aunque sea sin pagarlo.-
Al bajar por la escalera, ella mil besos le daba:
-Adiós, Luís de mi vida, adiós, Luís de mi alma;
si no fuera por la gente, Luís te acompañaba.
-Deténtate, bella mora; deténtate, mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-Ojo, no soy mora, señor, yo soy doncella cautiva.
Me cautivaron los moros cuando diez años tenía.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
y encima de mi caballo vámonos los dos, vida mía
-Esta ropa que yo lavo, ¿en dónde la llevaría?
-Y encima de mi caballo en el mar la tiraría.-
Al pasar por aquel bosque, ella a llorar se ponía.
¿Por qué lloras, linda dama? ¿por qué lloras, mora linda?
-Lloro porque en estos bosques, mi padre a cazar venía
con mi hermano Modelesto y yo con su compañía.
Al pasar por aquel bosque, la mora se sonreía.
-¿De qué ríes, mora bella? ¿de qué ríes, mora linda?
-No me río del caballo, ni tampoco de la guía;
río al ver a mi patria de donde he sido nacida.
-Dime, ¿quiénes son tus padres? dime, ¿quién es tu familia?
-Mi padre, don Juan Vilares; mi madre, doña Elvira;
un hermanito que tengo llamado José María.
-Válgame San Juan de Dios, Virgen sagrada María!
Pensaba llevar mujer i llevo mi hermana Elvirita.
Abrid puertas del palacio, ventanas y ventanillas:
aquí os traigo una rosa, la que lloráis por perdida.
¿Qué pagarías, mi madre, por ver a vuestra hijita?
-La mitad de mi corona, si la llevas honradita.
-Doncella la llevo, madre, doncella y honradita.
Sólo lleva un abrazo de vuestro José María.
Jo tenc tanta de cantera
com un extramunciat:
’vui que no he berenat,
me pens que es sol torna arrere.