A Alcúdia estan vigilant
es peix qui l’agafarà:
són diligents a la mar
i malfeners en es camp.

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Rafel Ginard

Referència bibliogràfica

Cançoner Popular de Mallorca

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Transcripció edició

Classificació

Alcúdia

Poble

Artà

Núm de glosa

43

Volum

III

Altres cançons relacionades

En Randa va dir a sa dona:
-Bufa aquí, que l’hem d’inflar.
-Bufa tu, si vols bufar;
això no és feina de dona.

Al salir de Casablanca, pasé por la romería,
i vi a una mora lavando en la fuente cristalina.
-Apártate, mora bella, apártate mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-No soy mora, caballero; yo soy cristiana cautiva.
Me cautivaron los moros cuando yo era chiquilla.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
encima de mi caballo...Anda, pues, vidita mía!
-Muchas gracias, caballero, con mucho gusto, vendría.
Las ropas que yo lavo, ¿dónde dejarlas podría?
Las que son de plata y oro, de asiento nos servirían.
Las que son de poco precio, corriente las llevaría.-
Él se apea del caballo y a la morita subía,
y después los dos dichosos hacia su tierra partían.
Al pasar por estos montes, la morita sonreía.
-¿Por qué ríes, mora bella? ¿por qué ríes, vida mía?
¿Te ríes del caballero, del caballo o de la silla?
-No me río del caballo ni me río de la silla,
y menos del caballero que a buena tierra lo guía.
Es que veo tierra patria, que es mi tierra tan querida.-

Al pasar por estos bosques, empezó a llorar la niña.
-Dime, niña, por qué lloras; dímelo, niña querida.
-Lloro porque en estos bosques mi padre a cazar venía
con mi hermano Moralejo y Linda en su compañía.
-¿Qué voces oigo, Señor, Virgen sagrada María?
Dime quiénes son tus padres. –Son los Condes de Oliva.
-Pensando llevar mujer, llevo a una hermanita mía!
Abra, madre, las puertas, ventanas y ventanillas,
que aquí os traigo la rosa que llorabais noche y día.
Que repiquen las campanas, que repiquen de alegría,
que ha aparecido la mora que en España fue cautiva!-

La madre, al oir esto, desde el balcón se tiró
a los brazos de su hijo y allí vino y descansó.
-Qué suspiros tan bonitos, hijos de mi corazón!
Qué suspiros tan bonitos! –Allí vino y descansó.

Jo vaig alegre de cara
i molt trista d’esperit.
Tant de dia com de nit
no li puc donar passada.
Mai en el món m’he explicada
més que amb una mitjanada
que hi ha en es capçal d’es llit.
I, si tot lo que li he dit
hi hagués de quedar escrit,
te n’hauries penedit,
de sa pena que m’has dada!

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