-Deténtate, bella mora; deténtate, mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-Ojo, no soy mora, señor, yo soy doncella cautiva.
Me cautivaron los moros cuando diez años tenía.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
y encima de mi caballo vámonos los dos, vida mía
-Esta ropa que yo lavo, ¿en dónde la llevaría?
-Y encima de mi caballo en el mar la tiraría.-
Al pasar por aquel bosque, ella a llorar se ponía.
¿Por qué lloras, linda dama? ¿por qué lloras, mora linda?
-Lloro porque en estos bosques, mi padre a cazar venía
con mi hermano Modelesto y yo con su compañía.
Al pasar por aquel bosque, la mora se sonreía.
-¿De qué ríes, mora bella? ¿de qué ríes, mora linda?
-No me río del caballo, ni tampoco de la guía;
río al ver a mi patria de donde he sido nacida.
-Dime, ¿quiénes son tus padres? dime, ¿quién es tu familia?
-Mi padre, don Juan Vilares; mi madre, doña Elvira;
un hermanito que tengo llamado José María.
-Válgame San Juan de Dios, Virgen sagrada María!
Pensaba llevar mujer i llevo mi hermana Elvirita.
Abrid puertas del palacio, ventanas y ventanillas:
aquí os traigo una rosa, la que lloráis por perdida.
¿Qué pagarías, mi madre, por ver a vuestra hijita?
-La mitad de mi corona, si la llevas honradita.
-Doncella la llevo, madre, doncella y honradita.
Sólo lleva un abrazo de vuestro José María.
En aquesta cantonada
hi ha florit un roser,
i, de tres roses que té,
n’hi ha una que m’agrada.
-¡Ay, pastor, si vas al campo, recorriendo tu hacienda,
mis pensamientos me dicen: vuelve a tu casa y no duermas,
y encontrarás tu mujer que con un galán se acuesta.-
Con la silla en el caballo y adelante la escopeta
para ser más pronto a casa me fui por una vereda.
Y encontré puerta cerrada y la ventana abierta.
Por no ser tan conocido, entré por una ventana,
y encontré una luz sola en una pequeña sala.
Recorrí la habitación para ver donde se hallaba.
La encontré con un galán que los dos durmiendo estaban.
Y al galán sin temer le di siete puñaladas.
La sangre que derramó atraviesa tres colchones
y llena toda la sala. –Despiértate, falsa, ingrata!
¡despiértate, deshonesta! Di, ¿qué te faltó a mi casa,
que fuiste tan deshonesta? ¿Te ha faltado pan y vino,
dinero cuando quisistes?
¿Te ha faltado mi persona? ¿Por qué no me lo dijistes?
-Jesús mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadeo;
rayo del cielo me parta, marido, si más te ofendo.
-Ya puedes rezar un Credo, que vais a morir los dos.-
El galán murió a la una, la infame murió a las dos.
-¿De qué me sirve tener en el campo un buen ganado,
si soy un pobre vasallo de una infame mujer?