-Deténtate, bella mora; deténtate, mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-Ojo, no soy mora, señor, yo soy doncella cautiva.
Me cautivaron los moros cuando diez años tenía.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
y encima de mi caballo vámonos los dos, vida mía
-Esta ropa que yo lavo, ¿en dónde la llevaría?
-Y encima de mi caballo en el mar la tiraría.-
Al pasar por aquel bosque, ella a llorar se ponía.
¿Por qué lloras, linda dama? ¿por qué lloras, mora linda?
-Lloro porque en estos bosques, mi padre a cazar venía
con mi hermano Modelesto y yo con su compañía.
Al pasar por aquel bosque, la mora se sonreía.
-¿De qué ríes, mora bella? ¿de qué ríes, mora linda?
-No me río del caballo, ni tampoco de la guía;
río al ver a mi patria de donde he sido nacida.
-Dime, ¿quiénes son tus padres? dime, ¿quién es tu familia?
-Mi padre, don Juan Vilares; mi madre, doña Elvira;
un hermanito que tengo llamado José María.
-Válgame San Juan de Dios, Virgen sagrada María!
Pensaba llevar mujer i llevo mi hermana Elvirita.
Abrid puertas del palacio, ventanas y ventanillas:
aquí os traigo una rosa, la que lloráis por perdida.
¿Qué pagarías, mi madre, por ver a vuestra hijita?
-La mitad de mi corona, si la llevas honradita.
-Doncella la llevo, madre, doncella y honradita.
Sólo lleva un abrazo de vuestro José María.
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
De captius
Inca
Assonant
26
IV
Un homo casat calquetja
per sos infants mantenir.
Ben diferent d’un fadrí,
qui tots los du a sa corretja!
A Llubí ses llubineres,
com han ’cabat es jornal,
se tanquen dins es corral
i bramen com a someres.
Anem-hi a Montserrada i veurem tot lo que hi ha;
diuen que hi ha una llàntia a cada cantó que hi ha.
Totes són de plata fina menos una que n’hi ha,
que és la llàntia del rei moro, que mai l’han vista cremar.
Sols un dia l’encengueren; un àngel del cel baixà:
-Apagau aquesta llàntia, que tot el món finirà.
Darrere aquella muntanya hi ha roses i clavells
per adorar la custòdi’ del Santíssim Sagrament.
La Mare de Déu plorava abraçada a una creu.
Sant Juan la consolava: -Mare de Déu, no ploreu!-
Mare de Déu, mare nostra, Mare de Nostro Senyor,
cada dia feis miracles per la nostra salvació.