Yo me quería casar con un mocito barbero,
y mis padres me querían monjita de un monasterio.
Una tarde de verano, me sacaron de paseo,
y al revolver una esquina, había un convento abierto.
Salieron de allí las monjas todas vestidas de negro.
Me cogieron de la mano y me metieron adentro.
Me empezaron a quitar los adornos de mi cuerpo:
pulseritas de mis manos, anillitos de mis dedos,
pendientes de mis orejas, gargantilla de mi cuello,
mantilla de tafetán y jubón de de terciopelo.
Lo que más sentía yo era mi mata de pelo.
Dalt s’era de Galiana
diuen que fa bon cantar;
també hi fa bon festejar,
si la jove està de gana.
¿Som xueta? Bella basca!
Però som un bon fadrí:
los teus, que vàreu trair
Cristo a l’Hort de Getsemaní,
i tu véns d’aquella casta.