Madona de Binromà,
casar hauríeu de mester,
perque es vostro xuriguer
no s’atura de cantar.
Anem-hi, Na Montserrada, i veuràs tot lo que hi ha,
que diuen que hi ha una llàntia a cada cantó d’altar.
I ne són de plata fina, fora d’una que n’hi ha
que és la llàntia del Rei moro que mai l’han vista cremar.
Un pic la varen encendre i l’àngel del cel baixà:
-Apagau aquesta llàntia que la fi del món vendrà!-
A baix d’aquella muntanya, tot són roses i clavells
per guarnir aquella llàntia del Santíssim Sagrament.
-¡Ay, pastor, si vas al campo, recorriendo tu hacienda,
mis pensamientos me dicen: vuelve a tu casa y no duermas,
y encontrarás tu mujer que con un galán se acuesta.-
Con la silla en el caballo y adelante la escopeta
para ser más pronto a casa me fui por una vereda.
Y encontré puerta cerrada y la ventana abierta.
Por no ser tan conocido, entré por una ventana,
y encontré una luz sola en una pequeña sala.
Recorrí la habitación para ver donde se hallaba.
La encontré con un galán que los dos durmiendo estaban.
Y al galán sin temer le di siete puñaladas.
La sangre que derramó atraviesa tres colchones
y llena toda la sala. –Despiértate, falsa, ingrata!
¡despiértate, deshonesta! Di, ¿qué te faltó a mi casa,
que fuiste tan deshonesta? ¿Te ha faltado pan y vino,
dinero cuando quisistes?
¿Te ha faltado mi persona? ¿Por qué no me lo dijistes?
-Jesús mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadeo;
rayo del cielo me parta, marido, si más te ofendo.
-Ya puedes rezar un Credo, que vais a morir los dos.-
El galán murió a la una, la infame murió a las dos.
-¿De qué me sirve tener en el campo un buen ganado,
si soy un pobre vasallo de una infame mujer?