-No ho puc fer, bella Comtessa; no ho puc fer, esposa mia,
perquè lo rei ha manat que t’he de llevar la vida.
-Vés i treu-me el sopar; no em treguas lo qu esolies;
val més un bocí de pa i llavò un platet d’olives.
Vés i colga los infants; no els colguis amb qui solies;
colga-los amb les criades, no sentiran el ruido;
no esser el minyó petit que enteniment no tenia.
Vés-te’n i digues un credo i també una avemaria
per sa dona que entrarà, que no duri més que un dia.-
Mentres deien les paraules, un àngel les persguia.
-Se detenga, senyor Comte; se detenga de part mia,
que el rei ha mort en sa nit i sa fia a punt del dia,
i tots dau-vos un abraç com Sant Joseph i Maria.
Estaba la blanca niña sentadita en su balcón.
Pasó por allí Don Carlos, hijo del Emperador.
-Suba, suba, caballero, suba, suba sin temor.
Mi marido está cazando en los montes del León.
-Abre la puerta, niña, abre; abre, abre sin temor,
que que te traigo un conejito de los montes del León.
-Es que he perdido las llaves de tu lindo corredor.
-Si aquellas eran de plata, de oro te las traigo yo.
¿De quién es aquel caballo que en mi cuadra he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquel sombrero que en mi percha he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquella sombra que en mi cuarto he visto yo?
-Es del niño del vecino que ayer noche aquí durmió.
-¡Qué niños ni qué demonios! ¡Lleva más barbas que yo!-
Sacó su puñal de plata y allí mismo la mató.
De suquí veig Son Verí,
Sant Marçal, Sa Cabaneta,
jo veig Raixa i veig Raixeta,
careta de xerafí.