D’estiu fa bon estar a s’ombra
perquè es sol és importú.
Jo fos tan orba com tu,
pens que em faria refondre.

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Rafel Ginard

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Cançoner Popular de Mallorca

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Poble

Artà

Núm de glosa

56

Volum

III

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Com totes ses de Mallorca
vos hauran renunciat,
ja tornareu, estimat;
si es portal està tancat,
per vós s’obrirà sa porta.

Jo vui cantar d’aturat
i se pensarà la gent
que faç feina que rebent,
i faç s’uiastre esbrancat.

Al salir de Casablanca, pasé por la romería,
i vi a una mora lavando en la fuente cristalina.
-Apártate, mora bella, apártate mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-No soy mora, caballero; yo soy cristiana cautiva.
Me cautivaron los moros cuando yo era chiquilla.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
encima de mi caballo...Anda, pues, vidita mía!
-Muchas gracias, caballero, con mucho gusto, vendría.
Las ropas que yo lavo, ¿dónde dejarlas podría?
Las que son de plata y oro, de asiento nos servirían.
Las que son de poco precio, corriente las llevaría.-
Él se apea del caballo y a la morita subía,
y después los dos dichosos hacia su tierra partían.
Al pasar por estos montes, la morita sonreía.
-¿Por qué ríes, mora bella? ¿por qué ríes, vida mía?
¿Te ríes del caballero, del caballo o de la silla?
-No me río del caballo ni me río de la silla,
y menos del caballero que a buena tierra lo guía.
Es que veo tierra patria, que es mi tierra tan querida.-

Al pasar por estos bosques, empezó a llorar la niña.
-Dime, niña, por qué lloras; dímelo, niña querida.
-Lloro porque en estos bosques mi padre a cazar venía
con mi hermano Moralejo y Linda en su compañía.
-¿Qué voces oigo, Señor, Virgen sagrada María?
Dime quiénes son tus padres. –Son los Condes de Oliva.
-Pensando llevar mujer, llevo a una hermanita mía!
Abra, madre, las puertas, ventanas y ventanillas,
que aquí os traigo la rosa que llorabais noche y día.
Que repiquen las campanas, que repiquen de alegría,
que ha aparecido la mora que en España fue cautiva!-

La madre, al oir esto, desde el balcón se tiró
a los brazos de su hijo y allí vino y descansó.
-Qué suspiros tan bonitos, hijos de mi corazón!
Qué suspiros tan bonitos! –Allí vino y descansó.

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