Cuando empezaron las guerras de Francia y Portugal,
llamaron al Conde Flores de capitán general.
-¿Para cuántos años, Conde, para cuántos años va?
-Por siete me voy, Señora; por siete y nada más.
Han pasado siete años y el Conde no viene ya.
Un día, estando a la mesa, su padre la quiso hablar:
-¿Por qué no te casas, hija? ¿por qué no te casas ya?
-No puedo casarme, padre, que el Conde en el mundo está.
Si me dais la bendición, y yo le iré a buscar.
-Que te la dé Dios del cielo, que es santo y puede más.-
Vistióse de peregrina, y al Conde se fue a buscar.
Al salir de las Italias, de Francia y de Portugal,
encuentra un caballo blanco que lo llevan a ensellar.
-¿De quién es este caballo que lo llevan a ensellar?
-Del señor Conde de Flores: mañana se va a casar.
-Este conde que usted dice, ¿me lo quiere enseñar?
-Sí, señora, porque es esto muy poca la caridad.
-Déme una limosna, Conde, que muy bien la puede dar,
que vengo de las Italias y no tengo por gastar.
-Si viene de las Italias, ¿qué hay de nuevo por allá?
-Hoy he visto a tu Condesa que no cesa de llorar.
-¡Ay, si la pudiera ver! ¡Ay, si la pudiera hablar!
-¿Cómo la conocería? ¿cómo la conocerá?
-Por aquel hermoso rostro y su hermoso lunar.
El vestido que le hice me costó una ciudad.
-La hermosura se me ha ido, Conde, de tanto llorar.
El vestido bien lo guardo y el lunar en frente está.-
El Conde, entonces, la abraza y se la llevó al altar
y el señor Conde de Flores por doña Elvira será.
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
Amor fidel
Inca
Assonant
27
IV
Un vespre,
a colgar me n’anava,
i, mentres resava,
vaig sentir siular.
I jo vaig tornar
tres passes enrere,
per sebre qui era,
per veure-ho més clar.
I me veig un jove
baix de la finestra,
que, per aquell vespre,
volia pujar.
-Pujar, pujaries,
si tu em prometies
de prest davallar.-
Me torna contesta:
-Jo ja pujaré
i davallaré
com bé me caurà.-
Llavò va posar
sa guitarra en terra
i ella, sa pèrra,
sa porta tancà.
I ell va pujar
damunt la teulada,
amb una gelada
ben blanca, de neu.
El jove va alçar
tres dits una teula,
i l’amor va veure
a dins lo llit seu.
I n’hi va dir:
-Amor vertadera,
¿que és flor de prunera,
o passionera,
que teniu aquí?-
I jo li vaig dir:
-Amor tan amada,
per vós l’he sembrada,
i, si vos agrada,
la poreu coir.-
Varen festejar
més de dues hores.
Eren altes hores,
ningú els ho atrapà.
Ell li va tirar
un maquet redó
per un finestró,
i l’endevinà.
Tenc d’anar a matances
a ca sa tieta:
han mort sa muleta
i han fet camaiots.
Jesús i Maria,
que n’han fet de pocs!
En no tenir-me, em desitges,
i si em tens, ja no me vols;
m’has mester per coure cols
i et faç nosa dins ses sitges.
El foc.