-¡Ay, pastor, si vas al campo, recorriendo tu hacienda,
mis pensamientos me dicen: vuelve a tu casa y no duermas,
y encontrarás tu mujer que con un galán se acuesta.-
Con la silla en el caballo y adelante la escopeta
para ser más pronto a casa me fui por una vereda.
Y encontré puerta cerrada y la ventana abierta.
Por no ser tan conocido, entré por una ventana,
y encontré una luz sola en una pequeña sala.
Recorrí la habitación para ver donde se hallaba.
La encontré con un galán que los dos durmiendo estaban.
Y al galán sin temer le di siete puñaladas.
La sangre que derramó atraviesa tres colchones
y llena toda la sala. –Despiértate, falsa, ingrata!
¡despiértate, deshonesta! Di, ¿qué te faltó a mi casa,
que fuiste tan deshonesta? ¿Te ha faltado pan y vino,
dinero cuando quisistes?
¿Te ha faltado mi persona? ¿Por qué no me lo dijistes?
-Jesús mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadeo;
rayo del cielo me parta, marido, si más te ofendo.
-Ya puedes rezar un Credo, que vais a morir los dos.-
El galán murió a la una, la infame murió a las dos.
-¿De qué me sirve tener en el campo un buen ganado,
si soy un pobre vasallo de una infame mujer?
Rafel Ginard
Cançoner Popular de Mallorca
Transcripció edició
Adulteri castigat
Inca
Assonant
228
IV
Cara de lluna redona,
no sé de què t’has picat.
¿Que som jo qui no t’agrad,
o n’estàs tot afrontat
de rallar amb ma persona?
Un bou amb unes grans banyes
el Bon Jesús escaufà,
i una mula que hi havia
sempre volgué pernejar.
Gerineldo, Gerineldo, Gerineldito querido,
¡si te pudiera tener tres horas en mi retiro!
-No se burle usted, señora, no se burle usted conmigo.
Porque soy vuestro criado, señora, os burláis de mí.
-No me burlo, Gerineldo, que de veras te lo digo.
Entre la una o las dos mis padres se habrán dormido.-
Entre la una o las dos, se oye un pequeño ruido.
-¿Quién rodea mi palacio? ¿Quién pasea en mi castillo?
-No tema, soy Gerineldo, que vengo a lo prometido;
Vengo en zapatos de seda por no hacer tanto ruido.-
Se pusieron a hablar como mujer y marido.
Cansaditos de hablar, se quedaron adormidos.
Cuando el Rey se despertó, dos horas el sol nacido,
se fue al cuarto de la Infanta y los encontró dormidos.
Puso mano a la espada: -¿Que les les tiro o no les tiro?
Si mato a Gerineldo, desde niño lo he tenido;
y si mato a la infanta, mi reino será perdido.
Les pondré la espada en medio: les servirá de testigo.-
La infanta se dispiertó: -Dispiértate, amor mío;
despiértate, Gerineldo,
que la espada de mi padre entre los dos ha dormido.
-¿Por dónde me iré, señora, por no ser tan conocido?
-Sale por el jardín mayor a coger flores y lirios.
-¿Dónde vienes, Gerineldo, que estás tan descolorido?
-Vengo del jardín mayor de coger flores y lirios;
la fragancia de la rosa el color me ha bebido.
-No lo niegues, Gerineldo, que con mi hija has dormido.
De la mañanita, a las ocho, seréis mujer y marido.
-La promesa tengo hecha a la Virgen de la Estrella:
de mujer que ha sido mía, de no casarme con ella.
La promesa tengo hecha a la Virgen del Pilar:
mujer que sirve de dama, de no poderme casar.