Anem-hi a Montserrada i veurem tot lo que hi ha;
diuen que hi ha una llàntia a cada cantó que hi ha.
Totes són de plata fina menos una que n’hi ha,
que és la llàntia del rei moro, que mai l’han vista cremar.
Sols un dia l’encengueren; un àngel del cel baixà:
-Apagau aquesta llàntia, que tot el món finirà.
Darrere aquella muntanya hi ha roses i clavells
per adorar la custòdi’ del Santíssim Sagrament.
La Mare de Déu plorava abraçada a una creu.
Sant Juan la consolava: -Mare de Déu, no ploreu!-
Mare de Déu, mare nostra, Mare de Nostro Senyor,
cada dia feis miracles per la nostra salvació.

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Rafel Ginard

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Cançoner Popular de Mallorca

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Classificació

Romanços religiosos

Poble

Inca

Rima

Assonant

Núm de glosa

143

Volum

IV

Altres cançons relacionades

-Deténtate, bella mora; deténtate, mora linda;
deja que mi caballito beba de esta agua tan limpia.
-Ojo, no soy mora, señor, yo soy doncella cautiva.
Me cautivaron los moros cuando diez años tenía.
-Si quieres venir conmigo, a casa te llevaría
y encima de mi caballo vámonos los dos, vida mía
-Esta ropa que yo lavo, ¿en dónde la llevaría?
-Y encima de mi caballo en el mar la tiraría.-
Al pasar por aquel bosque, ella a llorar se ponía.
¿Por qué lloras, linda dama? ¿por qué lloras, mora linda?
-Lloro porque en estos bosques, mi padre a cazar venía
con mi hermano Modelesto y yo con su compañía.
Al pasar por aquel bosque, la mora se sonreía.
-¿De qué ríes, mora bella? ¿de qué ríes, mora linda?
-No me río del caballo, ni tampoco de la guía;
río al ver a mi patria de donde he sido nacida.
-Dime, ¿quiénes son tus padres? dime, ¿quién es tu familia?
-Mi padre, don Juan Vilares; mi madre, doña Elvira;
un hermanito que tengo llamado José María.
-Válgame San Juan de Dios, Virgen sagrada María!
Pensaba llevar mujer i llevo mi hermana Elvirita.
Abrid puertas del palacio, ventanas y ventanillas:
aquí os traigo una rosa, la que lloráis por perdida.
¿Qué pagarías, mi madre, por ver a vuestra hijita?
-La mitad de mi corona, si la llevas honradita.
-Doncella la llevo, madre, doncella y honradita.
Sólo lleva un abrazo de vuestro José María.

Mes de mayo, mes de mayo, cuando empiezan los calores
y la cebada se siega, los trigos toman colores.
Unos se regalan lirios, otros se regalan flores.
Yo aquí, pobre de mí, me quedo por las prisiones,
sin saber cuando es de día y menos cuando es de noche,
només por los pajarillos que cantan entre las flores.

-Jardinero, Jardinero, Jardinerito florido,
yo te quisiera tener esta noche en mi retiro.
-Porque soy vuestro criado, vos en broma lo habréis dicho.
-No, por cierto, Jardinero, Jardinerito florido;
yo te quisiera esta noche, y de veras te lo digo.
-¿Cómo lo tengo que hacer por no ser tan conocido?
-A las diez se acuesta el Conde, a las once está dormido,
cerca de las once y media podréis venir al castillo.
Llevad zapatos de seda y no haréis tanto ruído.-
Cerca de las once y media, Jardinero va al castillo.
Cada escalón que subía, le costaba un suspirillo.
Al último escalón, la princesa lo ha sentido:
-¿Quién será este traidor que a mi castillo ha venido?
¿Quién es que toca a mi puerta? ¿quién será el atrevido?
-Soy el Conde Jardinero que vengo a lo prometido.
-Entra, entra, Jardinero; entra, entra, ángel mío!-
Ya lo coge de la mano, y en su cuarto lo ha metido,
ya se quitan la su ropa y a la cama lo ha subido,
y comienzan a jugar como mujer y marido.
Y entre suspiros muy largos, al punto quedan dormidos.

Cerca de las doce y media, el Conde los ha sentido:
-Jardinero, Jardinero, Jardinerito florido!
¿Dónde estará Jardinero? ¿en dónde se habrá metido?-
Se fue al cuarto de la Infanta, los dos encuentra dormidos.
-¿Que los mato o no los mato? ¿Qué les tiro o no les tiro?
Para matar Jardinero, como hijo lo he querido;
para matar a la Infanta, mi reinado está perdido.-
Les dejó la espada en medio para formarles castigo.
Al despertarse la infanta, tres horas el sol salido:
-Despiértate, Jardinero, despiértate, ángel mío,
que la espada de mi padre junto a los dos ha dormido.
-¿Dónde voy, Princesa mía, tres horas el sol salido?
Dime, ¿cómo lo he de hacer por no ser tan conocido?
-Ponte zaaptos de seda y no harás tanto ruido.
Te bajas por la escalera y procura no ser visto.
Después te vas al jardín a regar flores y lirios.-
Al bajar por la escalera, él echaba suspirillos,
y llegó hasta el jardín a regar flores y lirios.
El Conde se paseaba, desde lejos lo ha visto:
-¿Qué haces aquí, Jardinero, tan triste y descolorido?
¿Dónde vienes a estas horas, tres horas el sol salido?
-Yo venía del jardín de regar flores y lirios.
La fragancia de la rosa les colors me ha corrompido.
-Tú no vienes del jardín de regar flores ylirios!
No lo niegues, Jardinero; con mi hija tú has dormido!
Espero que, desde hoy, seréis mujer y marido.
-Tengo una promesa hecha a la Virgen de la Estrella:
mujer que ha sido mi dama, no puedo casar con ella.
Tengo esta promesa hecha y la tengo que cumplir:
mujer que yo he disfrutado, con ella no he de vivir.
Tengo una promesa hecha a la Virgen del Pilar:
mujer que ha sido mi dama, no la quiero por casar.
-Que se bajen los criados y le corten la cabeza!
Esto es una gran deshonra que ha hecho a mi princesa!

-Licencia te pido, padre, para irlo a buscar.
-¿Qué licencia quieres tú, si te la has tomado ya?-
Se fue por los siete reinos y no lo pudo encontrar,
només a un pajarillo por la buena Trinidad.
-¿De quién es tanto ganado, con tanta guerra y señal?
-Es del Conde Jardinero que pronto se ha de casar.-
Y ella subió a la casa y una limosna pidió.
Cogió del Conde la mano y muy lejos lo llevó.
Y la que tenía por dama, de cocinera quedó.
Ellos se comen los dulces, y nosotros, acá, no.

A sa torre Canyamel,
mu mare, deixau-m’hi anar.
Jo no hi som per festejar,
sinó per veure En Miquel.

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