Christine Günther Fay. Nací el 1 de marzo de 1945 en Greifswald, Alemania.
¿Greifswald dónde está?
Ésto hoy pertenece a Pomerania, que está en la otra Alemania, pero yo nací ahí por casualidad, ni mis padres son de ahí ni nada, cosas de la guerra.
¿De dónde eran tus padres?
Mis padres son de Renania-Palatinado, que está cerca de la frontera francesa y Neustadt an der Weinstraße, que es un pueblo entre muchos otros que hay muchos viñedos y se produce el vino, pero nosotros no somos productores de vino.
¿A qué se dedicaban tus padres?
Mi abuelo era artista pintor, bastante famoso en la zona. Uno de sus hijos falleció en la guerra, el otro hijo, mi tío, de parte materna, también fue artista, pero más bien escultor e hizo muchos trabajos para la iglesia, en la catedral de Speyer. Vivía allá por los años cincuenta en Altea, cerca de Alicante.
¿Ya se trasladó a España?
Mi tió ya vivía aquí y hacía trabajos también para la iglesia española, decorando y haciendo cosas de calices y cosas de éstas. Entonces, cuando falleció mi abuelo, decidieron mis padres ir con mi tío a Altea y yo vine con ellos y les gustó tanto que enseguida allí compraron una casa en el campo y luego yo estuve tres meses en una casa de una familia bastante pobre, digamos, pescadores, para decirte que aquel entonces, el principio de los años sesenta, el padre tenía una moto, el hijo tenía una bicicleta y la hija, la madre y yo nos íbamos a pie a cuatro quilómetros al pueblo a hacer la compra. Ni había autobús, ni había nada.
¿Cómo es que que te quedaste tres meses con ellos?
Y yo allí tenía que aprender español o completar español, porque mi madre y yo teníamos un profesor en Alemania, pero, claro, una vez allí me di cuenta que ellos no me podían ayudar, porque casi no sabían ni escribir, ni leer bien, o sea, para aprender el idioma yo sabía ya más cuando llegué allí de lo que ellos me pudieron ayudar. Y un día mi tío y mi tío vinieron y dijeron: "Mira, nos vamos a Valencia el fin de semana un por de días, ¿quieres venir?". Digo: "Sí, sí, sí, estoy encantada, encantada. Sí, sí. Salir de aquí, salir de aquí, me encuentro como encerrada, a la ciudad, a la ciudad". Pues nada y pasamos allí y visitamos galerías y visitamos diferentes pintores y entre esos pintores uno y yo nos caímos bien.
¿Cuántos años tenías?
Yo tendría diecisiete, dieciocho, muy jovencita y ese pintor tenía ocho años más que yo y cuando nos fuimos de ahí me regaló un cuadro empaquetado con una tarjeta de visita. Y cuando llegué al pueblo y quise mostrar ese cuadro dije, bueno, voy a esperar hasta que estén todos al mediodía sentados alrededor de la mesa y cuando vengan sacaré el cuadro y les mostraré el regalo que me han hecho. Bueno, así lo hice, y nada, toda la familia allí, saco el cuadro y nadie dice nada: ni ay, ni oh, ni mu, ni nada. Y les digo a Pepita que era la hija: "Pepita, y qué pasa que no dicen nada? Que no gusta o problema qué?". Ella dice: "Es que en el cuadro no se ve nada" y digo: ¿Cómo no se ve nada?". Dice: "No, no hay nada". Pues resulta ese decir no veo nada era el primer abstracto que habían visto estas personas tan humildes y ahí estaba todo el misterio.
No entendían como...
... que no había nada...
Y cómo es que naciste lejos de... has dicho que era por causas de la guerra.
Sí, porque mi padre estuvo destinado allí y mi madre ya estaba embarazada y fue a verle donde estuvo destinado y ahí nací yo, imprevisto, más previsto no se sabe, fue así.
Porque... 1945, ¿cuándo terminó la guerra?
La guerra en abril.
En abril de este año, ya naciste justo...
Justo, justo.
Y te contaron supongo que tus padres sí que padicieron todos los años de la guerra, ¿te contaban muchas historias de aquellos años?
No mucho no, lo que yo recuerdo es que venían refugiados al pueblo donde vivimos y cada ciudadano o cada casa tenía que acoger algunos y nosotros acogimos también.
¿Y cómo llegaste a Mallorca después?
Bueno, después de aquello pues avanzaron las cosas con mi pintor valenciano, le presenté a mis padres en Valencia, nos encontramos ahí en un bar y entonces les cayó bien y dijo: "Invítale a casa", a Polop de la Marina se llama aquello y nada y vino a pasar el fin de semana y de ahí empezó la cosa y...
¿Y os hicistes novios formales?
Bueno, no mucho, no, porque me quedé embarazada y enseguida ya a Alemania a casarse y a nacer el niño.
O sea, no fue del todo formal.
No, pero con mucho amor y con mucho cariño.
¿Y cómo se lo tomaron vuestros padres?
Bien. Vivimos dos o tres años en Alemania, pero yo siempre quise volver a España. Y en un principio yo quise volver a lo que yo conocía, que era la Península. Bueno, conozco toda España, la he recorrido toda más o menos, pero yo quería venir al sur, al sol, a la gente amable y a la vida del Mediterráneo y a la comida. Y entonces, claro, íbanos en coche, no se volaba, veníamos en coche y nada más pasar la frontera de Francia a España, lo primero era ir a un bar, a un sitio, no me acuerdo dónde, a comer gambas a la plancha.
Supongo qué era, porque era mucho más barato.
No es por barato, es que en Alemania no hay.
¿No hay gambas?
No. No hay gambas frescas no hay, que se hacen a la plancha, hay gambitas de estas pequñas que se congelan y en el norte, pero nosotros no vivíamos en el norte.
¿Por qué te gustaba tanto España?
Por la gente, por la amabilidad, por la luz, por el sol, por la forma de vivir, era otra forma de vivir y cada vez que nos íbamos yo llorando en el coche, por lo menos, desde Alicante hasta Valencia no paraba de llorar, yo quería quedarme y no me pudo pasar nada mejor en mi vida, lo que me pasó.
¿Y qué es lo que te pasó?
Enamorarme, quedarme embarazada, casarme, estar dos años en Alemania y volver.
¿Qué hicisteis en Alemania mientras estábais aquí?
Mi marido seguía pintando y yo había estado trabajando en la empresa de mi padre que era una empresa constructora y cuando ellos también querían irse de Alemania miramos varias cosas, ellos querían irse más al sur, a las Islas Canarias, proque allí hace más calor, por no tener que tener calefacción, ni ponerse calcetines... o sea, ir todo el año lijero de ropa, ésta era la ilusión de mi padre, pero nosotros no quisimos ir tan lejos, aunque se fueron ahí a indagar a ver qué negocio se podía hacer, imagínate por los años sesenta y algo, ya había nacido mi hijo en el 66, el 6 de enero, el día de Reyes, que en Alemania es una fiesta pero nada, pero cuando llegué aquí siempre me dijeron: "Ay, qué regalo tan bonito te han hecho". Y nada, al final decidimos venir a la Península o bien a Valencia o que había unos familiares aquí por parte de mi suegra, que era mallorquina, había una casa por aquí, y entonces esta casa estaba la mitad alquilaba, la mitad libre y nos metimos allí, cerca de la carretera de Valldemossa. Y ahí arreglamos y vivimos y cuando se fueron los inquilinos cogimos todo y ahí muy bien, perfecto.
¿Qué año era cuando llegásteis a Mallorca?
El 68. Y llegamos en barco y llegamos abajo de la catedral y solamente había un camino de tierra, no había asfalto, estrecho, esto fue entonces, ni había el Parc de la Mar, ni carretera, ni autopista, ni nada, ésto mucha gente no lo conoce.
¿Qué es lo primero que pensaste de la isla cuando llegaste?
Bueno, la entrada a la bahía de Palma es impresionante y bonita con la catedral y con Santa Eulàlia es una maravilla, lo que pasa es que al llegar a la ciudad veía que aquello estaba como un pueblo un poco destartalado, diferente a los pueblos alemanes que está todo limpio, impecable, las carreteras asfaltadas, las calles, y aquí todo era mucho polvo.
¿Y os instalásteis en Valldemossa?
En la carretera de Valldemossa, en el Secar de la Real, sí, cerca de Palma.
¿Y a qué os dedicábais? Tu marido seguía pintando...
A pintar, sí, y yo empecé a buscar un trabajito y leí un anuncio y buscaban una recepcionista en un hotel y digo: "Ah, bueno, me voy a presentar". Y fui allí y había un dueño alemán en un hotel en Cala Mayor y me dice: "Ah, sí, y usted, habla español? Sí, inglés? Sí, es alemana? Sí. Y a ver nacionalidad alemana?" Digo: "No, yo tengo nacionalidad española por matrimonio", me dice: "Me enseña su carnet?. Digo "sí". "Española de verdad, qué bien, puede usted empezar mañana". "Y cómo es esto?", "Porque siendo española no necesitamos ni pedir un permiso de trabajo para usted, se le da de alta en la seguridad social, en el régimen general, y ningún problema". Y así fue el primer trabajo.
¿Y así empezaste a trabajar de recepcionista?
Así empecé, estuve una temporada y luego ya la siguiente temporada, ya el hotel de al lado ya me tenía más o menos vista y contratada y al año siguiente ya fui al hotel y ya fui mejorando.
Supongo que el turismo entonces debía ser muy diferente al turismo que hay ahora.
Sí, era como más selecto, no había gente que se emborrachaba, era una cosa tranquila y bien y también había mucha gente mayor, como ahora, en según que temporadas.
Supongo que la gente venía más a descansar.
Sí, venía a descansar y a hacer excursiones también, porque claro en la recepción vendíamos excursiones.
Y esto era finales de los sesenta, principios de los...
...principios setenta, sí. Y después ya dije, bueno, esto del hotel a mí no me gusta porque sólo tengo el domingo libre y yo tengo que ir a una oficina a trabajar en una oficina. Las horas y sábado, domingo... y así lo hice. Me presenté en un sitio y me cogieron enseguida, en una administración de fincas, estuve diez años ahí, administrando fincas de Santa Ponça, de Costa de la Calma i de la Caleta en Palma.
¿Y supongo que ahí fue donde decidiste montar tu propio negocio?
No, que va, en absoluto, ni mucho menos, es que como por arte de magia fui a un sitio y llevé un catálogo de una casa de muebles para ofrecer unos muebles de cocina y mobiliario y tal y llegué a ir a una oficina de unos promotores, pero que no se sabía que eran promotores, porque recién empezaban, y me dijo: "Alemana, nacionalidad española, habla español, habla inglés, tengo un empleo para usted". Y digo "ah, bueno", riéndome, en Cala d'Or, y digo, "bu, yo Cala d'Or ni hablar, eso está lejos, esto yo no he estado nunca en Cala d'Or, está muy lejos de Palma". "Sí, porque ahí estamos haciendo una promoción en el puerto y vamos a empezar ahora, no hemos empezado ni siquiera la excavación, pero ya tenemos todo ahí controlado, véngase un día y yo le muestro aquello". Y nada, vine un día, miré aquello, me hicieron una oferta immejorable, pero no fue solo por la remuneración que me fui, sinó que diez años trabajando en el mismo sitio, ya te lo conoces todo y siempre es lo mismo, es como una rutina y yo necesito diversidad, necesito variación, necesito intercambio con personas. Entonces, esto me vino como el anillo al dedo y acepté y vine aquí a Cala d'Or y estuve vendiendo esto del año 83 hasta el 86, 87 y de ahí se terminó la promoción y quedó la pregunta: ¿Y qué hago ahora? Sé un poco de immobiliaria, sé como funciona, porque yo trabajé para la promotora y lo daba a otras immobiliarias, iba a hacer las escrituras, en fin, de toda la cosa sabía yo bastante. Bueno, ahora he leído un anuncio en el periódico y dice: "Buscamos vendedora immobiliaria" y llamé y me dijeron "para Palma" y digo "no, Palma, no, está muy lejos". Las carreteras no estaban como hoy, eran unas carreteras estrechísimas que no podías adelantar nunca, ningún camión, ninguna furgoneta ni nada y claro no era posible irte una hora y media de camino para ir y una hora y media para volver a casa. Y me dice este señor: "No, tenemos una oficina en Sa Coma, Sa Coma dónde en Cala Millor, digo, esto sí, esto es media horita, me va bien" y empecé allí a trabajar y en el año 87 finales, 88 principio monté mi propia immobiliaria también en Sa Coma y ahí empecé. Iban bastante bien las ventas y en el 89 decayeron las ventas, porqué se abrió el muro de Berlín en Alemania y ¿qué hicieron los alemanes? Me dijeron ahora no compramos la casa, ni compramos el apartamento, porque ahora invertiremos en la otra Alemania, en la antigua República Democrática Alemana. A algunos les fue bien y a algunos no les fue tan bien, pero bueno, mi negocio de venta decayó un 90% de porrazo y golpe, de hoy a mañana.
Porqué supongo que vendías sobretodo a alemanes.
Alemanes, claro, e ingleses también había, pero lo fuerte era alemán. Y bueno estuve un par de años difíciles soportando, aguantando y levantando la oficina con seriedad y con constancia, mucha constancia, estar ahí cada día al pie del cañón.
Debieron ser años difíciles, ¿no?
Sí.
¿Se alargó mucho tiempo?
Bueno, empezó luego en el año 92, 93 ya mejoró un poco y en el 98 cuando yo monté aquí en Cala d'Or, porque ya no quise hacer los quilómetros de Sa Coma a Cala d'Or y volver, ya había un buen auge de ventas.
Llevas muchísimas décadas aquí en Mallorca.
Cinco décadas.
Mucho tiempo, supongo que has visto cambiar muchísimo la isla.
Mucho.
De todo lo que ha cambiado, ¿qué es lo que más te choca más, lo que más te sorprende?
Bueno, lo que yo he podido observar en estos años de que a veces en algunas zonas turísticas las personas que habitan la isla, tanto sean mallorquines como sean peninsulares, no les da tiempo de adaptarse a la nueva vida y al nuevo ritmo. Esto para muchos, sobretodo para personas mayores, es un impedimento. Y entonces en vez de aceptarlo, se ponen en contra.
¿Crees que es que les cuesta adaptarse a la llegada del turismo o...?
Bueno, digamos la llegada del dinero con el turismo es aceptado siempre, ahora, las formas de vivir o otros pensamientos de otra gente que vienen de otros sitios, es difícil.
Siempre, te lo he preguntado antes, como veis la gente que ha venido aquí, ¿cómo veis a los mallorquines? Porque realmente vuestra visión es desde fuera y probablemente veáis cosas de nosotros que nosotros no somos capaces de ver.
Sí, lo que pasa es que hay unas diferencias de mentalidad profundas que son difíciles de superar, tanto para los que llegan como para los que están aquí. Entonces, para compaginar estas dos cosas habría que hacer una gran unidad, que no se hace, porque todo queda superficial.
Pero, por ejemplo, ¿cuáles son las cosas que más te chocan de la mentalidad mallorquina, si es que hay algo así, una mentalidad mallorquina? Yo supongo que nuestro carácter un poco mediterráneo, estas cosas de "en xerram demà"...
Sí, una cosa es el caracter mediterráneo, pero que también existe en todos los países alrededor del Mediterráneo y también existe en la Península, sobretodo en la zona de Levante. Lo que pasa es que al ser una isla, todos los isleños, Sardeña, Córcega, Sicilia, se llama Malorca, se llame Menorca, en una isla hay una vida diferente, hay una vida encerrada, más recogida, más familiar, más limitada y más negativa así a lo que viene de fuera, porque, claro, como los que vienen de fuera normalmente han sido conquistadores, temen que vuelvan a conquistar, pero al final con el turismo, el turismo la ha conquistado, pero trayendo dinero de fuera. Yo recuerdo en los años sesenta esto estaba lleno de ingleses, casi solo había ingleses, alemanes había muy, muy pocos, sesenta, setenta, los alemanes no vinieron hasta el año ochenta.
Sí, realmente, es lo que te quería comentar, no eráis tantos alemanes como son ahora.
No, al principio, no, y muchos escandinavos también hay según en qué zonas.
¿Cuándo notaste que empezaba a venir mucha gente alemana...?
Por los años ochenta, 85, por ahí. Cala d'Or estaba lleno de alemanes, vinieron alemanes, muchos de Colonia, entonces, se decía que esto era pequeña Colonia. Anteriormente, en Paguera había muchos de Berlín y se llamaba pequeño Berlín. Y así de según que ciudades venían pues se juntaban y traían más y traían más. Un amigo traía otro amigo, y trae la familia y trae más cosas y algunos montaron negocios, pero mayoritariamente venían de vacaciones en hoteles.
Sí, además yo recuerdo cuando era pequeño que había mucha gente que repetía cada año, que venía además en la época de año, venían casi eran miembros de la familia del hotel.
Exacto, pero eso es debido a que en Alemania dónde trabajan y cómo trabajan tienen cada año equis semanas y siempre las mismas. Entonces, si les gusta un sitio, vuelven.
Ya, nosotros somos más caóticos, supongo.
Los alemanes son muy organizados, a veces super organizamos que aquí no lo pueden entender.
A mí me sorprende mucho nuestro carácter, o sea, yo soy consciente de las cosas que pueden chocar. A mí, claro, son cosas que me hacen mucha gracia. Esta cosa mallorquina de "ya hablaremos mañana", que significa que no volveremos a hablar nunca de eso, un par que no es un par, que son entre tres y seis. Supongo que esas cosas a los alemanes os deben descolocar un montón.
Bueno, un par también pueden ser dos o pueden ser entre tres y seis, en Alemania también. No, esto es igual. Lo que pasa es que en Alemania esto de mañana y ya veremos no existe. O es hoy o es el martes o es el viernes a tal hora, pero nada ya veremos, no. Eso es difícil de entender, claro, y llegan aquí y yo siempre digo una cosa. Bueno, venís aquí los alemanes, porque claro yo ya me considero de la isla, yo digo, cuando llegan los alemanes lo que quieren es sol, buena comida y el resto que sea igual de funcional o de perfecto como en Alemania, y eso aquí no se puede pedir. Sinó, ¿para qué van a venir? ¿No quieren disfrutar un poco de la vida y de la libertad y del buen estar con las personas? Eso es lo que buscan realmente, entonces no me busques la perfección porque no existe.
Supongo que por tu experiencia muchos alemanes se te deben haber quejado del carácter mallorquín.
Bu! Muchos, sí.
Vale, pues, hablemos de cosas positivas, ¿qué es lo que más te gusta de los mallorquines, por ejemplo?
Los mallorquines una vez te han acogido, te han acogido en el seno familiar o en el seno de la amistad y de ahí ya no hay ningún problema. Cuando saben quién eres y cómo eres y que eres correcta y te portas bien todo es una maravilla. Eso sí.
Y de Mallorca, ¿qué es lo que más te gusta?
Sobretodo me gusta que haya en el paisaje prados y montañas y haya árboles, que no sea una isla calva como, por ejemplo, en Gran Canaria, ahí no me gustaría vivir. Yo necesito vegetación a mi alrededor, ya solo la vista que tengo de aquí para Cala d'Or me alegra cada día la vista. Cuando miro aquí fuera: la palmera de aquí, el payés que trabaja su poco de terreno ahí dalente, y luego veo Cala d'Or, las casas blancas y el mar. Y eso es una maravilla.
Hace tiempo que tengo la sensación de que alemanes y mallorquines convivimos en el mismo territorio, pero muchas veces vivimos en realidades completamente diferentes. Supongo que cuando sucede ésto, es culpa de las dos partes, pero me pregunto si se te ocurre alguna forma, de qué estas realidades pudieran estar más juntas.
Es una cuestión de mentalidad o bien el alemán viene aquí y se cierra y dice yo aquí hago lo que aquí me parece y no me interesa lo que hace el vecino, ni nada. O al revés lo hace el mallorquín. Las dos cosas las hay. Ahora también hay las dos cosas que se lleven bien ambos conjuntos y entonces también hay un entendimiento y una vecindad amable y con cariño y sin problemas.
De hecho, tú organizas bastantes actos culturales...
Sí, yo organizo actos culturales para alemanes que pueden ser conciertos, pueden ser el audititorium, pueden ser comidas o cenas o invitaciones a inauguraciones a exposiciones de arte y sobretodo también doy clases de español a alemanes gratuitamente.
¿Y tienes muchos alumnos?
No, no tengo muchos. Tengo cinco o seis y algunos van y vienen y no quiero más, porque yo lo que quiero es un círculo pequeño pero con gente inteligente y educada y luego hacer cosas culturales con ellos o irnos de restaurantes o irnos a un brunch, en fin, organizar muchísimas cosas.
¿A los alemanes les interesa la cultura de aquí?
Sí, también, mucho, eso sí.
Y, ¿qué tipos de actividades les suele interesar más de las que hacéis?
Bueno, hay muchos que les gusta la música, hay otros que les gusta la pintura y también los buenos restaurantes o comer bien que no siempre significa comer caro.
¿Qué es lo que más te gusta comer a ti?
A mí me encanta la lechona, me encantan los callos, que los alemanes no los comen. Yo aprendí a comer los callos aquí en España.
Vosotros hacéis codillo, ¿no?
El codillo es otra cosa, es la pierna de cordero, de cerdo. El cordero también me gusta, me gustan mucho las sopas mallorquinas. Me encantan. Los caracoles también, con los caracoles hay una cosa muy graciosa, porque en Alemania, sí, dicen, dicen, comer caracoles, pero bueno, el comer caracoles en Alemania es comer caracoles a la francesa. ¿Qué significa? Que te dan un plato de seis o de doce caracoles en un platito con unos tenedores y unas pinzas especiales y un poco de mantequilla con ajo y perejil que es horrible, porque es tan graso que no se puede comer y además quema el caracol y el caracol te sale cuando lo sacas ahí con un tenedorcito de estos especiales, el caracol está seco ya. Bueno, entonces, lo gracioso fue que mis padres preguntaron a mi marido cuando éramos novios: "¿Te gustan los caracoles?", el dice: "Sí, me encantan". "Ah, pues haremos una cena de caracoles". Y nada preparamos la cena de caracoles y cuando llega: "Y estos platitos tan pequeños y estos caracoles tan calientes recién sacados del horno?". "Sí, sí, tienes que coger esto así y comer así y asá. Y qué está bueno?". "Bueno, sí, está bueno", y ya se veía que no le gustaban y a mí poco. Al final dijo: "Es que nosotros en España cuando comemos caracoles, comemos caracoles, una sopera llena de caracoles y con caldo y con hierbas y ahí con un palillo comemos los caracoles y comemos centenares de caracoles, no, seis como ustedes".
¿Cuántos hijos tienes?
Un hijo.
¿Él ya debe ser mallorquín?
Él es mallorquín, sí, mallorquín absoluto y total.
Claro, supongo que esa segunda generación ya debe estar totalmente integrada en la isla.
Sí, absoluto y total. Ahora tiene ya 52 años. Y está casado con una alemana desde hace veinte y todo muy bien y sin hijos, sin descendencia. No, porque no quisieron y ya está. Muy bien, muy bien.
Y se dedica, ha cogido la immobiliaria me has dicho.
Él ha cogido la Immobiliaria Sa Coma en Sa Coma y mi nuera está dando clases de gimnasia para personas mayores alemanes.
Pero, por esta zona, hay mucho residente alemán.
Aquí sí, en Cala d'Or hay muchos y muchos propietaris alemanes que tienen apartamentos aquí, que tienen casa o fincas, prácticamente toda la costa este.
Te quería preguntar, ¿cómo se llamaba tu marido?
Juan Alcón, pintor valenciano, con muchos premios nacionales e internacionales y en el año 1973 obtuvo el Premio Ciudad de Palma, que fue un gran acontecimiento, porque total hacía cinco años que estábamos aquí.
Y tu vida siempre ha estado ligada a la pintura entonces. Tu abuelo, tu marido.
Sí. Yo he estado en este mundillo siempre un poquito, menos cuando me vine aquí, me dediqué a la immobiliaria, lo dejé un poco, pero siempre he procurado en mi casa particular o en mi oficina tener alguna representación de las pinturas. Y por eso encargué a Esperanza Bonet, pintora de Alquería Blanca, unas diez obras con las que decoré mi oficina, que actualmente están expuestas en Santanyí en la Galería Flor. Hice una gran vernissage el miércoles pasado y hay obras de ellas ahí y, claro, están para vender. No solamente es una colección privada de cuadros de Esperanza, de mi exmarido, de mi tío y de mi abuelo, de Camargo, de Codorniu y de otros artistas.
Siempre he tenido la sensación de qué los alemanes que se instalaban aquí tenían gusto por la pintura y por el arte.
Sí, mucho. Sí, en general y también para el arte mallorquín, los pintores mallorquines igualmente.
¿Cuál es tu pintor mallorquín preferido?
Bueno, yo diría Esperanza Bonet, naturalmente, porque es la que hace estas casitas tan preciosas en relieve y yo la envié a Son Amoixa Vell, por Son Macià, que es una gran posesión. Cuando yo la vendí, la mandé antes de que los alemanes hicieran un agroturismo de cinco estrellas, e hizo un cuadro precioso y lo tengo todavía, está expuesto en la galería y está en venta. Y luego hay un cuadro de Son Forteza, también por Son Macià. Después hay cuadros de Alquería Blanca de varias casas particulares y posesiones.
Y, bueno, pues, la verdad es que realmente interesante. Me sorprende lo de utilizar madera...
Sí, todo son materiales autóctonos y ella hace el trabajito, pero ya no pinta, ya no hace nada, ahora vive en Palma y hace ya bastantes años que no se dedica a eso.
Pues, nada, yo con esto.
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