Ramona Lara i Mercedes Lara són germanes i treballadores històriques del sector del calçat i la pell a Inca. Amb caràcters i ideologies molt diferents, les dues germanes ens conten des de la seva perspectiva com varen viure aquesta experiència laboral. Pel que fa a Mercedes Lara, va ser una dona molt lluitadora i perspicaç que va lluitar pel dret de les treballadores i per millorar les seves condicions laborals. Fins i tot, va ocupar un càrrec polític com a regidora a l'Ajuntament d'Inca en el govern de Jaume Armengol. Memòria, Dones i Treball recopila els testimonis de les dones treballadores de l’illa de Mallorca de diferents indústries i localitats. El projecte ret homenatge a aquestes dones que tantes vegades han dut a terme tasques invisibilitzades amb l’objectiu de situar-les en primer pla i dotar-les del protagonisme que es mereixen.
Mi nombre es Mercedes Lara, nací en 1946 en Quesada, provincia de Jaén. Llegué a Inca el 11 de septiembre de 1964. Nada más llegar a los dos días, ya encontré trabajo. El motivo de venir a Inca fue porque soy la mayor de 27 nietos que tenía mi abuela. Murió el abuelo el 18 de julio y entonces me vistieron como suelen ir ahora las señoras marroquinas, con velo, medias en el mes de agosto, y eran las ferias de allí del pueblo. Y una amiga, aparte de amiga, familia de mi madre, fueron al pueblo de Quesada de vacaciones. Y cuando me vio vestida de medias, manga larga en el mes de agosto, y un velito que había que ponerse, porque era la mayor, tenía 18 años, dijo, ¿qué has hecho con la niña? Dice, no, yo, mi suegra, me la he vestido así, porque mi abuela tenía seis varones, y fui la primera mujer que nació en la familia. Por eso me llamo Mercedes, por una hija que tuvo que se llamaba Mercedes y se murió con cuatro años. Bueno, a raíz de eso, aparte no me gustaba el campo, nosotros vivíamos del campo, mis padres teníamos que trabajar en el campo, teníamos, aquí se dice casetas, nosotros aquí le decimos, bueno, un cortijillo, o una huerta y olivas que había que ir a recoger en invierno, que no me gustaba el campo. Entonces me vine con mi prima de mi madre, cuando llegamos a Alicante, porque me vine en barco, llegué aquí en barco, llegamos a Alicante y me dice, abre la maleta, porque del pueblo salís vestidas todas de negro. Abre la maleta, quítate todo eso que llevas puesto, lo tiras y te pones algo de color, porque a Mallorca tú no vas a ir vestida de negro.
No sabía que se vestían así antes en Andalucía.
¿En Andalucía sí? Sí, sí, desde arriba abajo. Ahora ya no, ahora ya no, la gente mayor puede ser que sí, pero ahora la gente joven no.
Yo soy Ramona Lara Carrasco, hermana de ella, yo vine en el año...
¿76? Dos años después que yo y vine en el año 64.
Sí, es verdad, en el 66. A raíz de que ella, o sea, mi padre le dijo a mi hermana para venirse otra vez al pueblo, pero ella le dijo a mi padre, no, ven con Moni, que soy yo, y estás aquí unos días y luego ya me voy contigo. Pero ella fue muy lista, porque buscó trabajo para mi padre y para mí. Llegamos un domingo, que era el día de Santa Magdalena, a subir a Pancaritat, digamos, y en domingo llegamos y el lunes ya empezamos a trabajar. Fíjate qué ganas tenía ella de irse para el pueblo. A mi padre le gustó esto y nos quedamos.
I viviu a Inca?
Sí, en Inca. En la calle Jesús. En la calle Jesús nos vinimos a vivir. Y mi madre se quedó en el pueblo, porque tenemos dos hermanos más pequeños y estaban en la escuela y cuando dieron vacaciones pues mi padre se fue a buscar a mi madre y a mis dos hermanos y desde entonces estamos aquí.
Yo empecé a trabajar en una fábrica de trenzado. Por aquel entonces ya habían venido mis padres y ya cortejaba. Me puse a cortejar con mi marido, que en gloria esté, que murió ya hace 34 años. Y estaba en una fábrica de trenzado.
El dueño, ya me avisó la hija, ten cuidado con mi padre, que es un poco... Y cuando estaba me pasó para controlar lo que eran los palés que traían de los pueblecitos de alrededor. Exacto, los telares de trenzado. Y entonces había que medir si era lacito, si era dama, si era molinete... El tipo de trenzado que era se medía para mandarlo fuera. Y estaba en lo alto de la escalera componiendo los telares y me agarra de la pierna y me dice "si fueras cariñosa conmigo te pondría un apartamento". Entonces le dije o me suelta o le doy una patada. Digo no se preocupe, que no había al mar escándalo ninguno. Me fui y le dije a los compañeros que me había salido un trabajo que me pagaban más y que me gustaba más. Así nadie se enteró porque una semana o dos antes el encargado había besado a una compañera y hubo un escándalo. Vino el padre, vino el novio y yo dije yo no voy a hacer esta comedia. En aquel entonces me fui al sindicato vertical y me dijeron que algo habría hecho. Seguramente es que subía lo alto de la escalera, lo había provocado yo eso de estar en lo alto de la escalera. Nada, de allí me fui a trabajar a Yanko, que antes estaba en la calle Barco, que no era Yanko, era Flavia. Cuando me casé ya nos fuimos a la fábrica nueva. En la fábrica nueva yo estaba en el aparado. Mi hermana siempre ha sido una costurera magnífica. Se adaptaba a todo tipo de máquinas que traían, de dos agujas, de bordón, de todo y yo no. A mí la rutina no me ha gustado nunca. Siempre estaba haciendo el aparado, que es preparar los cortes, pegar, hacer adornos, todo eso, para que después las punteadoras despuntearan el corte para después ya montar el zapato.
También me metí en el sindicato de la UGT porque no nos trataban lo mismo a las mujeres que a los hombres. Nos trataban con muy poco respeto y entré en el comité de empresa siendo la presidenta de un comité de empresa, solo yo mujer y los demás eran hombres, todos hombres. Vino la crisis y yo en una ocasión, ya estaba en el año 90, me quedé viuda y en el 91 estaba metida en política. Es decir, la UGT dijo que nunca el Partido Socialista necesitaba a una mujer. Yo dije que yo no entendía de política. Me dijeron, no vas a salir, vas en el número 5, hay solamente tres, vas en el número 5, no saldrás, no te preocupes. Digo, vale, si es para colaborar, bueno. Entré en la lista del padre de la Francina, es decir, de Jaime Armengol, salieron ocho y me tocó salir. Entonces se montó el Casal de dones, no había concejalía de la mujer y se montó el Casal de dones en la calle San Bartolomé, donde iban a aprender a máquina, cuando al principio estaban los ordenadores, en fin, todo eso. Estuve haciendo varias actividades y a la misma vez trabajaba en la fábrica. Cuando vino la crisis del calzado, en una ocasión, en una entrevista, yo dije que antes de cerrar, preferiría más haber echado, hacer fijos como los hoteles, fijos discontinuos. Cuando hubiera poco trabajo, trabajar menos y a lo mejor dije una exageración. Y cuando era la temporada alta, 40 o 50 horas, como si hubiera dicho 60, a ver si me entiende. Fue un comentario que hice, bueno. Cuando llegué a la fábrica me encontré un cartel que con amigos como Mercedes los trabajadores no necesitaban nada. Sí, fueron muy duros conmigo.
Empecé en una fábrica pequeñita, cuando llegué, empecé en una fábrica pequeñita. Estuve tres meses solo porque no me querían asegurar y yo quería que me aseguraran. Me trataban muy bien, estaba súper contenta, pero yo quería que me aseguraran como no podía o no quería, no sé. Me fui allá. Claro, en aquellos tiempos tú dejabas hoy un trabajo y mañana encontrabas otro. Porque Inca era toda una fábrica, toda Inca era una fábrica. Porque había más de 40 fábricas, fábricas entre grandes y pequeñitas. Y al día siguiente ya entré en Yanko. Y ahí estuve hasta los 45 años que me fui. Me quedé embarazada y empezó la fábrica ahí mal y de ahí me salí. Yo hacía el corte completo. Manejaba la máquina de sisar, la máquina de bordón, la de guarnicionero, la de pespuntear, o sea, todo. Cuando me fui de Yanko, al cabo de un añito y medio que tenía mi hija, me vinieron a buscar para trabajar. En una fábrica, digamos, que hacían solo cortes, no hacían el montado. Tenía que... trabajaba para Mascaró, de Menorca. Y me fui a trabajar con ellos y estuve ahí hasta que me jubilé. Y ahí al final era como un comodín, digamos. Yo miraba donde necesitaba el trabajo adelante. Allí me iba, o sea, no tenía problemas. O sea, los hombres eran cortadores primero, que cortaban los patrones. Hacían los patrones y con los patrones se cortaba el zapato, ¿no? Hombres. Luego más adelante ya hubo, al final, hubo mujeres.
Yo hice un curso de cortadora, pero como el encargado la llevaba de mí...
El encargado la llevaba de ella y a mí me... Nunca me hizo un mal gesto ni una mala palabra y era el mismo encargado.
Sí, pero...
Pero ella se enfrentaba y yo no. Ah, porque hubo una vez a una chica que le dijo que le iba a dar una patada. Aquella que se meó la pobre las patadas abajo.
En la silla.
Es que era muy grosero. Te decía las cosas...
Pero ya está en el otro mundo. Que a veces dices...
No, no vino al caso. Simplemente decidí que había que tratar con más respeto. "Nina me puedes hablar de tú". Jamás en la vida le voy a hablar de tú. Yo tengo que respetarle a usted y usted me tiene que respetar a mí. A mí y al resto.
¿Llegaste a trabajar como portadora?
No, dejé el curso porque, ya te digo, me machacaba. A los chicos que había no les decían nada. Porque Yanko siempre ha sido una empresa muy pionera. Ese curso lo pagaba la empresa.
Sí, sí.
Y teníamos un médico de empresa.
Sí, teníamos una cafetería, teníamos...
Biblioteca, la biblioteca, el comedor.
Teníamos un comedor, una cafetería. El dueño pagaba libros a los hijos de los trabajadores.
Como becas, pagaba becas.
Hacía excursiones para los niños.
Era muy avanzado en su tiempo.
Los zapatos los teníamos a un precio simbólico, digamos.
Nosotros teníamos los calzados a pequeñas taras porque tenían una garantía los zapatos. Entonces, si al virar se había quitado un pelín la piel, esos zapatos se vendían a un precio módico para los trabajadores. El señor Alvadalejo no hay otro modelista, yo diría que en el mundo entero como es. Es único como modelista. Como empresario es muy confiado, bajo mi punto de vista. Lo que yo le dije al dueño era que si trabajábamos a escarada, ¿para qué queríamos tanto babero? Había una cantidad de encargados con babero blanco. Aquello parecía un centro médico en vez de una fábrica. Y me dijo que yo era envidiosa. Y yo le dije, no, es que usted no sabe que aquí hay encargados con un poder adquisitivo muy superior al de sus hijos. Porque, claro, estuvimos durante un año trabajando con el stock que había en el almacén. Y los pieles, adornos y aún sobró después de un año de estar trabajando con el stock que había. ¿Por qué? Porque llegaba un representante de piel, por ejemplo, negra, marrón, lo que traigo y no me hace falta. Si te la quedas, esto es para ti. No, hay bastante... Si te la quedas, me comprendes.
Primero venían los cortadores, que eran hombres. Luego venía el aparado, que eran todo mujeres. Y las costureras, todos eran mujeres. Y rebajadoras. Pero en aquellos tiempos había un hombre que rebajaba también. Era trabajo de mujeres, pero había un hombre que rebajaba solo. El señor Pepe. Luego pasaba a montar el zapato y todos eran hombres. Ahí era todo hombres. Montar el zapato, todo hombre. Luego, una vez que estaban montados, se pasaba al envase.
Era una nave donde se preparaba. Y donde se montaban los zapatos, que ya se limpiaban y se metían en cajas, estaban en otra nave.
Y allí había hombres y mujeres.
Sí, en esa nave había... Digamos que en la terminación del zapato había hombres y mujeres. Hombres y mujeres también.
Sí, había oficinistas. Los directores siempre han sido hombres.
Nunca mujeres. Cuando yo trabajaba, no.
Ahora creo que sí, con la hija.
Sí, pero hombres solo.
Trabajábamos a escarada, que eso no te lo hemos dicho. A escarada quiere decir a tiempo medido. Es decir.
No íbamos a un jornal, íbamos a escarada.
Teníamos que hacer, a escarada, a destajo, teníamos que hacer 528 minutos al día para el jornal. Todo lo que pasaba de esos 528 minutos se pagaban como extras. Aquí la Madonna ganaba más en minutos que se pasaba que en jornal.
Y las tres son administrativas. Y se han hecho administrativas después de los 20 años. Yo los compartía.
Y yo los tenía a mis hijos por semanas. A los niños, mi padre me decía, vas a hacer a los niños... Y yo decía, no, han nacido con el pitito pegado al cuerpo, no se les cae. Una semana le tocaba limpiar el polvo al comedor y el otro a los cuartos. Y no, eso son cosas de niñas, yo le decía a mi padre. No, eso son cosas de los tres. No son cosas de niños, son cosas de los tres. Porque, de hecho, tengo al del medio que es soltero y vive solo y no necesita a nadie. Se lava, se plancha y se guisa. Mi marido pasaba el polvo y limpiaba los cristales mejor que yo. Con eso te lo digo todo.
Yo no, yo no por el trabajo.
Mi marido la cocina no, pero lo que es la casa, sí.
Mi marido solo tenía un día libre a la semana.
Mi marido era cortador y hacía el mismo horario que yo. O sea, un sábado y domingo también libraba el polvo.
El mío no, el mío solo era un día a la semana.
Mi vida muy suave.
Te voy a contar, te dije que yo estaba en la UGT. De hecho, sigo estando en la UGT. En el año 87, yo me fui a un congreso a Badalmadena y le dije a mi marido, yo no me voy a ir. Y los niños y me dice "tú vete tranquila que ya nos arreglaremos con los niños". En la fábrica había hilo musical. Yanko tenía hilo musical.
Y había gente que se ponía a la radio con los...
Sí, yo también. Sí, porque yo prefería más escuchar a una emisora, porque soy más politiquera. Cada uno es como es.
No soporto los auriculares, no me gusta.
Y bueno, pues sí, se escuchaba y se escuchaba. Y hacíamos fiestas.
Sí, cuando hacíamos cumpleaños llevábamos una tarta o galletas a la hora de la merienda.
Y el jefe nos invitaba el día de San José.
El día de San José el jefe nos invitaba.
Y llevábamos la comida, la comida del celler la llevaban allí a la fábrica para los trabajadores que eran de fuera de Inca. Se querían quedar a comer, se quedaban a comer. La empresa pagaba una parte, tú solo tenías que pagar dos pesetas o dos pesetas y media. Sí, no.
En Yanko lo tenías muy bien.
Y en Navidad traía a un fabricante de juguetes para que las trabajadores compráramos los juguetes al precio más bajo, al precio de fábrica. No, pero se ha sido un pionero en muchas cosas.
Sí, es verdad. Cantábamos canciones y las escuchábamos pues las seguíamos. Y algunas veces te acordabas de alguna de tu niña y la cantabas. Pero claro, con el ruido de las máquinas tú no me oías a mí.
Yo me acuerdo.
Ton pare no té nas
ton pare no té nas,
ta mare és xata
Bueno, es que cantaba en el pueblo donde yo nací, cantaba en un coro, en un coro de niñas, claro está, de religión.
Ella ha sido la revolución francesa.
Con 15 años me llevaron al cuartel, allí, en Quesada, con 15 años.
Vámonos, que como te líes no termina. Perdón.
No. ¿Quieres cantarme otra vez? ¿O alguna artista que recordéis que os gustaba?
No, no, no, a mí me encantaba cantar aquella de:
Por la calle abajito
va quien yo quiero
no se le ve la cara
con el sombrero.
Treballador/a del calçat i de la pell
Jaén
Inca
Treballador/a del calçat i de la pell | Trenador/a
Jaén
Inca