Na Manuela Urbano Cabezas ens explica la seva experiència com a treballadora del calçat i la pell a Inca. Va néixer a Aguilar de la Frontera (Còrdova), però va venir a Mallorca per feina ja de ben petita. Va fer feina tota la seva vida a la històrica fàbrica de Barrats passant per diferents funcions en la confecció de la sabata. Ens conta com va ser la seva vida dedicada en aquest ofici i ens relata anècdotes i vivències personals dins la fàbrica de Barrats. Memòria, Dones i Treball recopila els testimonis de les dones treballadores de l’illa de Mallorca de diferents indústries i localitats. El projecte ret homenatge a aquestes dones que tantes vegades han dut a terme tasques invisibilitzades amb l’objectiu de situar-les en primer pla i dotar-les del protagonisme que es mereixen.
Manuela Urbano Cabeza, nací en Águila de la Frontera, vine en el 77 y vivo en Inca, y he trabajado toda la vida en el calzado. Bueno, teníamos una tía aquí, trabajaba, ya se habían venido primeros, ya se vinieron en el 60, nos dijeron que había trabajo, y vine en el 77, bueno, vine un viernes y el lunes empecé a trabajar en la fábrica de Barrats. Era una fábrica pequeñita, muy pequeñita, una casa muy pequeñita, éramos muy poquitos trabajadores, pero muy familiar, y ahí empecé porque yo no sabía nada. Yo no había visto en mi vida un zapato, ni había visto en mi vida nada, pero bueno, tuve el dueño, el amo Mateo, era una persona muy agradable, tuvo paciencia para enseñar, bueno, empezamos unas cuantas, pero tuvo mucha paciencia, nos enseñó con mucha dulzura, es verdad, porque no puedo hablar mal de mis principios, porque es verdad, fueron muy agradables los dueños, y empecé a trabajar ahí en el calzado, y claro, como éramos poquitos, y yo empecé con 15 años, claro, me enseñó por todo. Yo a mí me detenía en el costurero, que es donde se hacía el corte, luego también me llevaba el envase, o sea, yo he estado por todo, porque él me enseñó lo que es todo lo del trabajo, a ser pequeñita te enseña por todo. Luego cuando fue prosperando, nos fuimos a una más grande, y en esa más grande ya desempeña sesiones, por ejemplo, el envase, éramos todas chicas, bueno, mujeres, y luego en el montado casi todos eran hombres, y hacíamos de todo, o sea, yo por ejemplo, aunque cada una tenía un puesto, a mí haberme enseñado a tantos puestos, pues desempeñaba más, ayudaba a una, a otra, a otra, a otra, pero luego tenía mis puestos de trabajo, o sea, mis cosas las tenía, y eran unos tiempos, verdad, muy eso, y aprendí de todo, el zapato, de todo, desde el principio me lo empecé a puntear, todo, y me gustaba, me gustaba, es verdad, en Barrats siempre.
En Barrats?
Siempre en Barrats hasta que cerró, es la única que he estado hasta que cerró, vine un viernes, empecé un lunes y hasta que cerró. Sí, los tengo buenos, como se suele decir, y algunos un poco más, pero los tengo buenos. Luego he tenido buenas compañeras, he tenido muy buenas compañeras, nos hemos llevado muy bien, como en todos los trabajos, siempre hay sus más y sus menos, pero luego hemos sido muy buenas compañeras. Cuando estaba en la pequeña, estábamos todos juntos, caballero, señora, hacíamos todo, luego abrió otra más grande, nos fuimos todos a la otra más grande, pero luego partieron señora y caballero, entonces volvimos a la antigua y caballero se quedó en la grande. Yo me quedé en la pequeña, en la pequeña no me refiero, en señora y caballero siguió. Y bueno, ahí pues claro, yo desempeñaba varios trabajos, porque estaba pendiente de todo, si tenía que poner bola, plantilla, recortaba, planchaba, o sea, todo lo del envase lo he hecho, encajar, bueno, todo.
Ya te estoy diciendo que como empecé con el amo Mateo, hasta la expedición, que es cosa de chicos, también la hacíamos. En el envase siempre éramos chicas, mujeres, en aquel tiempo éramos jovencitas, y el costurero casi siempre, bueno casi siempre no, todas mujeres también, los cortadores hombres, el montado casi todos hombres, o sea, cada sesión tenía su... Luego, por ejemplo, había puestos que lo podían hacer tanto chicos como chicas, bueno, mujeres. Yo pasé una época, yo me gustaba, la verdad sea dicha me gustaba, me gustó trabajar, lo pasé bien, tuve mis momentos, como yo digo, porque todos los trabajos tienen su momento buenos y su momento malos, pero lo pasé, o sea, me gustaba trabajar.
Luego la tertulia de las compañeras, no íbamos más temprano por echar un rato con las compañeras, y yo, por ejemplo, había una que ponía plantilla, luego yo le ayudaba, a lo mejor se le iba el tren, yo iba a ayudarle, a poner plantilla, yo desempeñaba, por ejemplo, lo mismo ponía las plantillas, lo que he dicho, plantilla, recortaba, cerraba de boca, cerraba la trasera, planchaba, daba pasta, pintaba, pulía, o sea, es que de todo. El envase, en general, todo, de las 7 a las 2 y media, de las 2 y media hasta las 6 y media, pero casi siempre, si no terminábamos la partida o si tenía que ir algún pedido, siempre nos quedábamos. Pero eso es cuestión de si había que terminar pedidos, porque si se tenía que terminar pedido, si no lo presentaba, pues se lo anulaba, y entonces teníamos que quedarnos hasta que se terminaba ese pedido.
Bueno, el salario, claro, empecé por muy poquito, porque era, no me acuerdo si eran 2.000 pesetas a la semana o algo así, y el salario luego terminé con 1.100 euros, 1.200 euros, terminé, ¿no? Y el salario luego, si hacíamos horas extras, eran aparte de decir porque no era siempre, y bueno, me gustó, me gustó. Cada sesión había un encargado, que se encargaba de... Luego había uno general, ¿no? Que por cierto, si sale, era un Miguel Plana, que era muy buena persona, y fue muy agradable el trato con nosotros. Luego en cada sesión, por ejemplo, en los cortadores había un encargado, en las pespunteadoras había una encargada, en el envase había una encargada, en el montado también había dos encargados, en la expedición también, o sea, en cada sesión había uno que se encargaba de su grupo, y había en cada sesión un encargado, ¿no? Luego cuando partieron las fábricas, o sea, cuando dividieron las dos fábricas y puso señora, a mí me pusieron como encargada. Bueno, mis compañeras se reían porque dicen, tú no eres la encargada, digo, no, yo soy la dirigidora, y siempre se reían porque digo, yo no soy encargada, soy dirigidora. Teníamos un club, en verdad teníamos un club, y yo cuando estuve en el puesto ese, coincidí con una compañera que éramos todas a una, o sea, estábamos unas compañeras que éramos todas a una, o sea, no hacía falta decirle, esta partida se tiene que ir, sino a ella misma, Manuela que se tiene que ir, y todas íbamos a una. Nos ayudábamos mucho, es verdad, tuve la suerte de que cuando a mí me pusieron a llevar ese cargo, en esa época, tuve unas compañeras que eran un 10, para mí fueron un 10, de compañeras, amigas, o sea, un 10.
Y si se tenía que ir en las partidas, no había problema porque ella nunca me ponía pegas, y lo terminábamos todo el trabajo, y sí, es verdad, me emociono porque fueron, tuve unas buenas amigas, buenas compañeras, y trabajé a gusto. Había otras que cobraban más, y tenían más preferencia, o trabajaban otro sistema, a ver, otro sistema, por ejemplo, en escarada, nosotros no teníamos eso, por ejemplo, si sacaban, vamos a poner por un ejemplo, mil pares, pues se llevaba un plus, y la fábrica nuestra nunca trabajó con ese sistema, trabajó a jornal, y si hacíamos hora, horas que nos pagaba, pero no teníamos ese plus, o esa escarada que les decía, en otra fábrica, la nuestra no, la nuestra trabajaba jornal, las horas extra que hacíamos no las pagaba, y teníamos eso, pero bueno, luego, la tertulia que teníamos en los ratitos libres, lo pasaba, es verdad, las cosas como son, no tuvimos buenas, y trabajábamos bastante, porque, a ver, una vez, se tenía que ir el corte inglés, y no daba tiempo, se tenía que ir a las 10 de la mañana del día siguiente, y estuvimos desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la mañana del día siguiente, o sea, 24 horas trabajando para que ese pedido se fuera, o sea, fíjate las compañeras que había, y se fue el pedido, o sea, que todos los pedidos se iban gracias al buen compañerismo que teníamos, y teníamos, nosotros que trabajábamos diferente en convenio o lo que sea, a otras fábricas, porque otras fábricas siempre sentido decir que tenían, que si a lo mejor hacían no sé cuántos puntos, en una era por puntos, otra por escarada, nosotros no teníamos nada de eso, teníamos lo que era el convenio, el convenio del calzado, por lo que cada fábrica pues tenía el convenio de ellos, me imagino, o le proponían, así se trabaja, nosotros teníamos lo que era el convenio del calzado. Antiguamente empezaba bien jovencito, yo empecé con 15 años, pero empezaban más jovencitos también, yo he tenido dos, por suerte, por suerte, pues fueron en embarazo bueno, bueno, me dieron la enhorabuena, no es porque eso, pero me dieron la enhorabuena y todo, el dueño, porque hice un embarazo bueno, no falté, los nueve meses no falté, mi hijo el mayor tenía que irme a trabajar, me fui a tenerlo, o sea, el pequeño terminé de trabajar y me fui también a tenerlo, hasta los nueve meses trabajando.
Yo luego tenía un puesto de trabajo que tenía que hacer esfuerzo, me lo quitaron y me lo cambiaron para otro más, pero yo personalmente por mí, pues claro, puedo decirte que lo hice bien, el embarazo fue bien, no tuve problemas y no hizo falta nada más que las revisiones que cada embarazo tiene. Eso ya era más complicado, porque claro, yo uno lo llevaba a la guardería y el otro lo tenía que llevar a casa de mi suegra, a una casa de la abuela, y claro, ahí ya era más complicado, pero lo sacamos. No, yo no dejé de trabajar. La guardería, aquellos tiempos podíamos dejarlo, la guardería empezaba, yo los dejaba a las siete menos cuarto y el otro los dejaba a las seis y media de la mañana, y recogía uno, o si mi marido venía más temprano, pues claro, recogía ese, si él venía más tarde, lo recogía yo. Y al mediodía, pues al mediodía era cuando yo aprovechaba para hacer las cuatro cosas que tenía en casa que hacer, luego ya cuando empezaron la escuela, pues ellos se venían solos de la escuela, bueno, solos, me lo traía vecino, me organizaba así, luego se lo llevaban, pero no faltaba, o sea, ha sido continuo. Cuando empecé el colegio sí que los veía, a veces iba corriendo, los iba a recoger, porque me salía a las dos y media, ellos salían a las dos y media, me esperaban en la puerta, los recogía, les daba de comer, y luego una vecina a veces se los llevaba, porque la suya también iba al colegio, ya cuando eran un poquito más grandes ya se iban solos.
Tuve hasta última hora para los tres meses que teníamos de maternidad en aquel tiempo, yo los tuve después, si me hubiera dado de baja antiguamente era, si te daba de baja antes te cuenta los tres meses, entonces como yo estaba bien, exactamente, entonces como yo hice los embarazos bien y estaba bien, pues claro, aguanté hasta el último día, entonces tuve los tres meses enteros después. Estaba bien, lo podía llevar, entonces muchísima gente de mi edad, de que tuvieron los niños, cortaron su etapa de trabajo ahí, muchísima, muchos, muchos cortaron y cuando tenía nueve o diez años empezaron a volver a trabajar, yo no, yo no corté nada, desde los tres meses que tenía los dos seguí trabajando, pero me arrepiento de no haber disfrutado un poquito, pero tampoco me arrepiento, o sea, de haber seguido trabajando tampoco me arrepiento, era etapa mala, pero también luego me gustaba trabajar, o sea, las dos cosas, pero las dos cosas no pueden ser, entonces yo seguí trabajando. Mi marido, verá, mi marido tenía un horario que era, trabajaba afuera, a lo mejor trabajaba en la otra punta, claro, a mediodía no venía, entonces a mediodía, claro, era mío, por la mañana sí salíamos los dos juntos, pero luego él tiraba palos suyos y yo me quedaba aquí, luego si él venía antes de trabajar, sí se encargaba de, o de si tenía que, la merienda o si tenía que, se encargaba él, luego por las noches de la comida, uno se encargaba de una cosa, otro de otra, es que a veces hasta nos traíamos trabajo a casa, nos traíamos trabajo a casa y todo eso, es que antes trabajábamos bastante, en aquellos tiempos que te estoy hablando, se trabajaba bien, trabajábamos, a ver si me entiendes, pero trabajábamos mucho.
No, no la teníamos repartida porque yo entendía que si él venía una hora, yo no voy a estar sentada y la cocina sin recoger, o sea, mi instinto, aunque yo sea mujer, mi instinto no es esperar a que venga él dos horas más tarde para recoger la cocina, pero nosotros el problema que teníamos es que no teníamos el, o sea, el horario no coincidía, entonces a no coincidir, pues tú no puedes repartir unas tareas, porque, por ejemplo, si ellos iban al fútbol, por ejemplo, él iba a recogerlo, pero yo era la que tenía tiempo de llevarlo, pero no teníamos, como se dice, un cuadrante de decir, esto tienes que hacerlo tú y esto tengo que hacerlo yo, no, éramos, o sea, es diferente, ahora ya la vida es diferente, pero lo teníamos, lo llevábamos bien por el motivo ese de que, por ejemplo, si yo venía a mediodía y él no venía, yo no voy a dejar las camas o los platos sin fregar, en eso sí, en eso sí, los hombres cobraban más que nosotros, en eso sí, nosotros en aquellos tiempos los veíamos normales, normal, pero eso sí, en eso sí, los hombres cobraban más, las horas más caras, por ejemplo, cobraban más que nosotros, no, los hombres tenían un trabajo que a lo mejor las mujeres no podíamos, porque ellos trabajaban con los zapatos, con dentro de horma, que a lo mejor un zapato pesaba 5 kilos y 5 kilos en una máquina, o sea, era más duro, el trabajo, si te paras a pensar, era más duro el de ellos que el nuestro, porque nosotros ya trabajábamos fuera de horma, entonces a trabajar fuera de horma el zapato pesa menos, hacíamos menos esfuerzo y ellos trabajaban con horma y con cepillos de estos a mucha velocidad, a mucha velocidad, o sea, tenía que estar apretando el esfuerzo, o sea, todo a base de esfuerzo, eso no lo teníamos nosotros, no, no tenían derecho a cobrar más, teníamos derecho, pero que ellos su trabajo era más esfuerzo que el nuestro, porque yo he estado en el pulido, por ejemplo, pulí los zapatos con la horma y a lo mejor yo podía pulir una partida, luego tenía que descansar porque los brazos te duele o la espalda te duele, entonces si le pagaban más lo entendíamos por el motivo de la clase de trabajo que hacía, porque ese trabajo, ya te digo, ese trabajo yo no hubiera podido todo el día estar con eso, con unas hormas, un 45 por ejemplo, o unos zapatos así y la horma de madera y a base de pulso, a lo mejor los primeros meses de trabajo no estuve, pero luego sí, luego sí, enseguida me aseguraron, yo, bueno, 40 años, hasta que cerraron, bueno, cerró Barrats, pero me coloqué en otra fábrica, Carmina Badalejo.
Desde que empecé no he dejado el calzado para nada, diferentes funciones, diferentes puestos, si a lo mejor alguna persona no se daba, se daba de baja, por ejemplo, y ayudaba a sacar ese puesto de trabajo, por decir algo, entre unas cuantas, yo también estaba allí. Había hilo musical, pero con el ruido de la, como se dice, de la máquina no se sentía nada, pero cada una canturreábamos, como nos liábamos a hacer trabajo, pero estábamos a nuestro, cantando nosotros, pero a nuestro mundo, ¿no? y nos entreteníamos, por ejemplo, en la merienda nos juntábamos todas, nos juntábamos todas y echábamos el ratito, o antes de empezar, el cafetito, hacíamos nuestra tertulia, pero trabajar, cuando trabajábamos teníamos que estar pendiente del trabajo, con el ruido de las máquinas, ni te enterabas de lo que estaba cantando ella, ni te enterabas de lo que, pero bueno, a lo mejor le llevábamos, yo qué sé, le tenía que llevar algo o alguna metralla, te gastaba alguna broma, me acuerdo muy bien, eso era al empezar, al empezar, una chica, Paquita, eso siempre lo cuento porque es gracioso de decir, era un lunes, dice, me he ido de, a la discoteca, lo que, es mayor que yo, y me dice, ay, no he dormido nada, dice, ahora verá, se ponía eso, se tapaba un ojo con celo, para reír, nos reíamos de la broma, que descanse este ojo y ahora este ojo que trabaje, porque era rebajadora, dice, si viene el dueño, avisarme. Cuando venía el dueño, el dueño era muy bueno, este, el primero, subía las escaleras y hacía así, para que nos calláramos, es verdad, y entonces él luego se lo quitaba, se iba, se tapaba este ojo, que le toca dormir a este ojo, cuando venga el dueño que me lo dice, o sea, anécdota de esa, sí que teníamos, bastante, nos reíamos porque era graciosa, luego teníamos otra también, que siempre estaba contando unos bromas o chistes, pero ahora no me acuerdo, pero, esos detalles de bromas, sí que los teníamos, al menos, de vez en cuando, eso sí caía.
En aquellos tiempos, los cantantes que había, era, Sandro Giaccobe, por ejemplo, Camilo Sexto, Sandro Giaccobe, o Giaccobe, o algo de eso, bueno, gente de aquellos tiempos, y cada uno cantaba la canción que le gustaba, pero, cada uno en su, porque teníamos diferentes puestos, estábamos separadas una de la otra, había una fábrica, no era así, pero estábamos muy separadas para tener, la anécdota era cuando pasábamos por la vera, a lo mejor le gastábamos bromas, pero eso, pero, no es un, un trabajo que estemos muy juntas.
Me acuerdo una que se metía, la señora Catalina se metía con una, mucho, se metía, ella y la Catalina, se metía como una Encarna, y un día la Encarna se cabreó, dice, señora Catalina, cómo se meta más conmigo, le voy a decir, y era la dueña, y nosotros decíamos, mira, ¿cómo le está hablando a la dueña?, y la dueña, de vez de decir, yo soy la dueña, empezaba a reírse con ella, o sea, había un feeling de eso, que ella se estaba metiendo con la dueña, ¿no?, y la dueña, pues, de vez de decirle "oye, cuidado, que soy yo, le puedo reñir", no, entraba en el juego de ella, y entonces, lo que nos hacía era reírnos a nosotros. Si todo fue en broma, porque como se metía con ella, Encarna, que no sé qué, que no hable, o a lo mejor, porque empezaba a hablarle alguna, o contando cosas de su vida, o lo que sea, ¿no?, que no hable, que no hable, y le decía, y usted tampoco hable con la señora Magdalena, con una, ¿no?, con la madre de Miguel Llompart, la señora Magdalena, con la madre que estaba también allí, la madre de Miguel Llompart, la señora Catalina era la primera dueña, ¿no?, luego la madre de, y ellas dos hablaban mucho, dicen, pero si las que se tienen que dar el ejemplo, sois vosotras dos, que sois la jefa.
Pusieron una exposición de cuando hicieron cien años, o sea, hicieron ciudad Inca, ¿no?, y la pusieron de exposición en sa Quartera, yo iba por la calle, la gente me pedía un autógrafo, riéndose, y yo sin saber por qué, ¿no?, y me decía, dame un autógrafo, dame un autógrafo, y yo decía, pero bueno, y luego, me dice, vete a sa Quartera, y allí estaba puesta en un marco, y luego venía en el libro del Dijous Bo, que hace para la fiesta de Dijous Bo, y tengo, el libro lo tengo, la foto y el marco, ve, aquí estaba recortando, recortaba los trozos que se dejaban, planchaba, aquí tengo la mesa, ponía borlas, esto es una máquina de bufador, que le daba bufador al corte, aquí lo planchaba, recortaba, ponía borlas, ponía los cordones, aquí el bufador, que planchaba bien el zapato, luego aquí delante tenía una máquina que le cerraba las traseras, o sea, lo que le cerraba para que quedara el zapato cerrado, y aquí tenía luego, por ejemplo, le devolvía, si llevaba cordones, los cordones, pero aquí ya viene sin normas, esta chica pone plantilla, y de plantilla me pasaba a mí, y yo ya, aquí, mi mesa, me engomaba las borlas, me hacía los nudos, recortaba, planchaba, cerraba de boca, daba bufador, luego más para acá, daba pasta, un montón de cosas.
Muy bien, muchas gracias.
Treballador/a del calçat i de la pell
Aguilar de la Frontera
Inca