Aigordent, que ets de garrida
si no em feies beure es seny!
O m’espenyes o t’espeny;
o em mates o em dónes vida.
Bona diada fa avui
per atropellar el qui frissa.
Enciam de ravenissa
no me’n dugueu, que no en vui.
Ella se puso a lavar a la fuente cristalina.
Por allí pasaba el Rey con toda caballería.
-Buenos días, mora bella; buenos días, mora linda.
Dales agua a mis caballos de esta fuente cristalina.
-Yo no soy mora, Señor; en España soy nacida.
Me cautivaron los moros cuando diez años tenía.
-¿Quieres tú venir a España, aquí, en mi caballería?
-¿Y la honra, caballero, en dónde la dejaría?
-Te juro sobre mi espada, guardadita la tendría.
-¿Y la ropa, caballero, en dónde la dejaría?
-La de hilo y la de holanda sobre mi caballería;
la más pobre y la más rota al río la tiraría.-
Al pasar por la frontera, la morita se reía:
-¿De qué ríes, mora bella? ¿De qué ríes, mora linda?
¿Te ríes de mi caballo o ríes del que lo guía?
-No me río del caballo ni tampoco del que guía.
De lo que me río yo es de ver la patria mía.-
Cuando pasaron los bosques, ella a llorar se ponía.
-¿De què lloras, mora bella? ¿De què lloras, mora linda?
Lloro porque con mis padres por estos bosques venía
y con mi hermano Lorenzo y toda su compañía.
-¿Me dirás quién es tu padre? –Mi padre es don Juan de Oliva
y mi hermanito pequeño se llama José María.
-Válgame San Juan de Dios, Virgen sagrada María!
Pensando traer mujer, traigo una hermanita mía!
Abrid puertas de palacio, ventanas y celosías,
que aquí os traigo la prenda que llorabais perdida.
-Si eso fuese verdad, un premio te ganarías.
Si la trajeras honrada, la corona te pondría.
-Honradita vengo, madre, como el día qu enací,
tan sólo un beso me ha dado este hombre que está aquí.