El Rei moro seu en terra qui s’esclata de plorar.
Que s’esclati, que rebenti, que en cadira no seurà.
-Alça, alça, fia meva, que ton pare et vol casar!
-Oh mare, la meva mare, ¿quin vestit m’heu de posar?
-Oh, fia, la meva fia, el que més t’agradarà.
Te farà un vestit de seda i un altre amb parfalà
i llavò un de campanilles per dissabte anar a caçar.
Estaba la blanca niña sentadita en su balcón.
Pasó por allí Don Carlos, hijo del Emperador.
-Suba, suba, caballero, suba, suba sin temor.
Mi marido está cazando en los montes del León.
-Abre la puerta, niña, abre; abre, abre sin temor,
que que te traigo un conejito de los montes del León.
-Es que he perdido las llaves de tu lindo corredor.
-Si aquellas eran de plata, de oro te las traigo yo.
¿De quién es aquel caballo que en mi cuadra he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquel sombrero que en mi percha he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquella sombra que en mi cuarto he visto yo?
-Es del niño del vecino que ayer noche aquí durmió.
-¡Qué niños ni qué demonios! ¡Lleva más barbas que yo!-
Sacó su puñal de plata y allí mismo la mató.
Eixuga’t ets uis, ma fia!
Vet aquí un mocador;
que es jove que bé et volia,
vénen de soterrar-ló.