La planc, pobra joveneta,
es disgust que va tenir
quan son pare li va dir:
-¿A on és sa cadeneta?
-Mon pare, jo l’he perduda
per s’olivar del Cocó,
i annat darrere un falcó
tan sols no me n’he temuda.
Mon pare, vos ho vui dir
a vós, que vos hi importa:
per un forat de sa porta,
l’he donada a un fadrí.
Un fadrí me té lligada
i anit ha de venir.
(Reina del cel coronada,
anau-li a sortir a camí.)
I mumareta endolada
amb sa tomba destapada
per enterrar-m’hi a mi.
I llavonses podreu dir
que n’he mort enamorada,
’namorada d’un fadrí.
Estaba la blanca niña sentadita en su balcón.
Pasó por allí Don Carlos, hijo del Emperador.
-Suba, suba, caballero, suba, suba sin temor.
Mi marido está cazando en los montes del León.
-Abre la puerta, niña, abre; abre, abre sin temor,
que que te traigo un conejito de los montes del León.
-Es que he perdido las llaves de tu lindo corredor.
-Si aquellas eran de plata, de oro te las traigo yo.
¿De quién es aquel caballo que en mi cuadra he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquel sombrero que en mi percha he visto yo?
-Tuyo, maridito, tuyo, que ayer te lo compré yo.
-¿De quién es aquella sombra que en mi cuarto he visto yo?
-Es del niño del vecino que ayer noche aquí durmió.
-¡Qué niños ni qué demonios! ¡Lleva más barbas que yo!-
Sacó su puñal de plata y allí mismo la mató.
Vaig servir a s’artilleria
i me varen fer ranxer;
robava tot quant poria;
¿no trobau que feia bé?